Sartre y la revolución cubana
La calurosa recomendación de un contacto en redes sociales llevó al autor de estas líneas a la relectura de los textos de Jean Paul Sartre referidos a su temprana estada en el escenario de la revolución cubana. Fue en el inicio de la radicalización que luego llevaría a ese proceso al objetivo de construcción del socialismo. Y a la definición del marxismo como la filosofía que daba sustento a las transformaciones en curso.
En febrero de 1960, a poco más de un año de la entrada a La Habana de los "barbudos", Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre llegaron a la isla caribeña.
Permanecieron allí hasta mediados del mes de marzo. Poco después de su estadía, antes de llegar a mediados de año, el filósofo comenzó la difusión, en el periódico France Soir, de una serie de artículos en torno a la visita efectuada. Fueron en total dieciséis los escritos publicados.
Poco tiempo más tarde las notas fueron recopiladas en forma de libro, ahora en castellano. La obra se publicó en Buenos Aires. Había nacido el famoso libro Huracán sobre el azúcar.
Todavía en 1960 se hizo una publicación más amplia de los escritos de tema cubano del filósofo existencialista. Se trata de Sartre visita a Cuba, también editado por primera vez en Buenos Aires. Allí, además del Huracán. se encontraba Ideología y revolución, una reflexión sobre el pensamiento y la praxis que la animaba. Además la reproducción de una extensa entrevista con escritores cubanos.
La inquisitiva mirada sartreana.
Vamos a centrarnos aquí en el primero de los escritos publicados. Sólo haremos referencias incidentales a los otros dos.
En los primeros meses de 1960 la flamante revolución era un estandarte de esperanza para los intelectuales de izquierda de todo el mundo. Un universo en el que la pareja de franceses ocupaba un lugar más que relevante.
Todavía no había llegado la proclamación como experiencia socialista, ni la identificación con el marxismo leninismo. Tampoco la alianza con la Unión Soviética. Asomaba la reforma agraria, pero aún no se había consumado. Lo mismo la expropiación de los centrales azucareros. Medidas que acarrearían el paso a la oposición furibunda de la burguesía cubana y la ruptura con EEUU.
La transformación de las relaciones de propiedad en el campo abolió el latifundio, puso un límite máximo a la extensión de tierras sujeta a la propiedad privada de una sola persona. Y entregó títulos de propiedad a más de 100.000 familias campesinas.
No había llegado tampoco la hora de las sanciones más duras y el bloqueo. Eso tuvo plena vigencia cuando el gobierno cubano fue al choque con las grandes petroleras estadounidenses. Y luego las expropió por negarse a la refinación de hidrocarburos importados de la URSS. Comenzó la etapa álgida del acoso a la revolución situada a menos de 100 millas de la costa de Florida.
La pareja de intelectuales emprendió recorridos por la isla. Tomó contacto con la dirigencia cubana. También con destacados intelectuales que incidían en el debate político, como el después disidente Carlos Franqui, director del muy influyente periódico Revolución.
Hicieron visitas a lugares estratégicos. Emprendieron algún itinerario junto al propio Fidel Castro, conversaron con cubanas y cubanos de a pie. Estuvieron en unidades de vivienda popular para trabajadores rurales. Y en centros turísticos, en medio de un derrumbe posrevolucionario de esa actividad. La acogida fue más que cordial y tuvo mucha difusión. Personas que nunca habían leído sus libros les reconocían en la calle.
Se produjo en esos días el sabotaje al vapor "La Coubre", que ocasionó un centenar de muertos. En los actos de repudio al atentado se emitió un combativo discurso de Fidel, que marcó una profundización de las posiciones antiimperialistas. En esa ocasión nació la famosa consigna que planteaba una disyuntiva inconciliable: ¡Patria o Muerte!.
La revolución en sus luces cotidianas
Sartre no navega en búsqueda de alturas teóricas en estos textos. Se ocupa de problemáticas concretas, casi a ras del piso. Examina la relación del proceso revolucionario con los trabajadores, los campesinos, los funcionarios, los intelectuales.
Hace hincapié en la distinción al interior del campo revolucionario entre "rebeldes" y "resistentes". Los primeros eran los hombres y mujeres de la sierra. Los otros los militantes........
