Milei tiene algo enfrente
No hay una oposición dinámica, con ideas renovadas y proyectos atractivos para el conjunto de la sociedad. Un análisis objetivo de la situación lleva a matizarlo. Al menos como perspectiva que asoma en el horizonte.
Cuando se afirma esa carencia se piensa sobre todo en el peronismo. Perdidoso en tres elecciones; dividido por fuertes internas que no aparecen conciliables. Poblado por dirigentes que preservan sus espacios de poder con pérdida de vista de las demandas del conjunto de la sociedad. Con su líder presa y sin concierto para un movimiento sólido y masivo en reclamo de su libertad.
Votan en contra de los proyectos gubernamentales en el Congreso. También gobiernan unas pocas provincias y muchos municipios. Desde allí sostienen la disidencia con el rumbo oficial. Y participan sin la masividad deseable en las manifestaciones de protesta. Poco más.
Con más razón se juzga algo semejante de las diversas variantes de "oposición amigable" o de oficialismo apenas disimulado. Coinciden en general con el rumbo del gobierno. Apoyan con no tantas reticencias los proyectos del oficialismo. Los que gobiernan provincias negocian sus respaldos a cambio de ventajas parciales. Las que mejoran la situación de los gobernantes pero no la de sus votantes.
Ante ese panorama semidesértico no son pocos los que se dejan llevar por la congoja del presente y el pesimismo a futuro. Apoyan a Unión por la Patria (peronismo) desde cierto hartazgo. O simpatizan con el FIT-U (trotskismo) con esperanzas insuficientes. Ninguna de ambas cosas suele derivar en poner el cuerpo en la calle o en compromiso militante activo. Los hay que sí, por supuesto. Pero no son la mayoría.
En tiempos sombríos la historia ha dado sorpresas
El escritor y periodista Sergio Olguín se preguntó hace poco si no vivimos un tiempo que guarda similitudes con los años oscuros y desconcertados del apogeo de la llamada "década infame". Aquella época en el que una coalición conservadora desplegaba a gusto políticas proimperialistas y favorecedoras de una minoría de privilegiados.
Sosteniéndose sobre el fraude, las proscripciones, la represión de huelgas y reclamos públicos. Con el reciente invento de la picana. Y la Sección Especial de la policía para combatir el comunismo.
No todo era coerción. También corrompían a gusto a quienes debían ser opositores. Sobre todo de la Unión Cívica Radical, que había dejado en la estacada a quienes se sublevaban y jugábanse la vida armas en mano. El Paso de los Libres ya quedaba lejos.
El partido de raigambre popular legitimaba el fraude presentándose a elecciones que no les dejarían ganar. Una parte de los correligionarios se sumaba a los peores negociados del régimen. La prórroga en base a sobornos de la concesión de la compañía de electricidad hizo historia.
No aparecían alternativas en el horizonte. No lo era, a pesar de merecerlo, Lisandro de la Torre. Con sus denuncias sobre el gigantesco enjuague de los frigoríficos, los grandes exportadores........
