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¿Quién controla los robots? El desafío obrero a la robotización

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31.08.2026

La decisión del sindicato de Hyundai Motor de oponerse a la introducción de robots de nueva generación en las fábricas sin un previo acuerdo entre el personal y la empresa ha convertido una decisión industrial en una disputa laboral, poniendo de relieve un conflicto que afecta al conjunto del sector de la inteligencia artificial (IA).

En el centro de la controversia se sitúa Atlas, el robot humanoide desarrollado por Boston Dynamics, empresa estadounidense controlada por Hyundai, que el grupo coreano presenta como su propia apuesta por la IA física, o sea, por las máquinas capaces de moverse y trabajar en los espacios productivos hasta ahora reservados a los seres humanos. Su aparición ha suscitado reacciones opuestas, con los inversores que la conciben como un avance y la clase trabajadora, en cambio, como una amenaza para sus puestos de trabajo.

El caso va mucho más allá del sector de la industria automovilística y de Corea del Sur. Apenas dos meses antes del inicio del conflicto en torno a los robots de nueva generación, el país ya había vivido un conflicto igualmente significativo en el sector de los semiconductores, cuando decenas de miles de empleados y empleadas de Samsung Electronics reclamaron una parte de los beneficios generados por el aumento vertiginoso de la demanda de chips para IA.

Ambos episodios muestran diferentes facetas del mismo modelo económico. Las memorias de gran ancho de banda utilizadas para entrenar los modelos lingüísticos en los centros de datos y los robots destinados a sustituir a la mano de obra en las cadenas de montaje pertenecen al mismo ciclo tecnológico. En ambos casos, el conflicto gira en torno al reparto de los beneficios y al derecho del personal a participar en la toma de decisiones.

Si esta tensión surge sobre todo en Corea del Sur, y de forma más visible que en China -en la que se centra gran parte de la atención-, es porque en el país conviven un sector tecnológico de vanguardia y un sindicalismo industrial especialmente combativo, una combinación que en otros lugares aún no se ha manifestado con la misma fuerza. En los materiales que permiten reconstruir los hechos, China figura como competidora en el mercado de las memorias y los robots, mientras que el conflicto sindical que caracteriza casos como los de Hyundai y Samsung es propiamente coreano y se desarrolla en los tribunales, en la negociación colectiva, en las huelgas y en las urnas. Es precisamente esta exposición pública del conflicto lo que convierte a Corea del Sur, mucho más que a China (que respeta mucho más los derechos laborales), en el laboratorio en el que las contradicciones de la economía de la IA salen a la luz con claridad.

Anatomía de un conflicto

Antes de analizar el caso como un episodio del enfrentamiento global entre el trabajo y la automatización, es importante comprender qué es lo que realmente pide el sindicato surcoreano, ya que el malentendido más común es considerarlo una reacción de carácter ludita. El sindicato, por el contrario, no cuestiona la máquina en sí misma, sino el poder de decidir cómo y cuándo emplearla, y exige que no se introduzca ningún robot basado en nuevas tecnologías en las naves de producción sin un acuerdo previo entre las partes. La reivindicación es a la vez defensiva y preventiva, ya que precede a la puesta en funcionamiento de los robots y pretende establecer un principio de derecho de decisión de los trabajadores sobre las modalidades de introducción de las nuevas tecnologías cuando aún existe la posibilidad de elegirlas.

A esta demanda se ha sumado una plataforma de reivindicaciones salariales que amplía el alcance de la batalla. El sindicato de trabajadores metalúrgicos de Hyundai, que cuenta con casi 40.000 afiliados, obtuvo en una consulta interna el 87 % de los votos a favor de la movilización y presentó, junto con la cláusula sobre la automatización, la reivindicación de una prima equivalente al 30 % del beneficio neto, el aumento de 60 a 65 años de la edad a la que la empresa puede rescindir la relación laboral, un incremento del salario base y el paso a un sistema en el que la retribución fija mensual cubra la totalidad del salario, evitando que los trabajadores tengan que depender de horas extras y turnos adicionales para alcanzar unos ingresos aceptables.

Esta última demanda se explica por una estructura salarial en la que el componente variable roza la mitad del total, mientras que la reivindicación relativa a la edad se debe a que, para quienes han superado los sesenta años, la salida anticipada de la fábrica conlleva casi siempre un fuerte menoscabo de las condiciones de vida. A mediados de julio, el conflicto desembocó en una huelga parcial de tres días en las principales fábricas coreanas, con dos horas de paro por cada turno.

Lo que confiere a esta lucha sindical un alcance que trasciende los límites de una sola empresa es el hecho de que se inscribe........

© La Haine