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Enviciados

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23.05.2026

En la universidad surcoreana donde trabajé, habían dispuesto un mecanismo para amortiguar el choque cultural de los profesores españoles recién llegados. El mecanismo era el profesor Kim. Aunque seulense de pura cepa, se distinguía del resto del claustro por su humanidad a flor de piel y una manera casi mediterránea de manejarse por el mundo. En un par de ocasiones lo acompañamos de excursión y luego nos invitó a cerveza y pollo frito. El día de la cena del departamento, nos citó con antelación en un bar cercano para advertirnos de ciertas formalidades. Ya en el restaurante, fue presentándonos a los profesores con un admirable equilibrismo entre las formas coreanas y españolas. Por último, le estreché la mano al profesor Lee: una mano húmeda, blanda, recién sacada del mar. Al volverme, el profesor Kim me aconsejó entre susurros: «No te fíes de él: no tiene vicios».

¡Cuánta razón tenía! Durante el curso el profesor Lee demostró ser una persona intachable, aborrecible.........

© La Gaceta