Un país tercermundista con hambre (de Dios)
El otro día celebró misa en nuestra parroquia un obispo español destinado a una región centroafricana que estaba de visita en Madrid para resolver asuntos relacionados con las necesidades de sus feligreses.
Lo primerito que hizo fue lanzarnos una pulla a los presentes: «Habláis de que España es un país tercermundista, pero lo decís porque no sabéis lo que eso significa».
Lo cual no obvia para que España sea un país que está en decadencia, por supuesto. Podemos corroborarlo cada día incluso sin necesidad de ver el telediario. Pero eso es una cosa, y un país tercermundista, otra muy distinta.
El nivel de las tertulias es vergonzoso, muchas cosas no funcionan como deberían, las instituciones han caído en el mayor de los descréditos y el mal gusto en el vestir, hablar, crear y pensar son desde luego síntoma de esa decadencia a la que hay que combatir.........
