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El misterio del 8-M

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12.03.2026

El domingo cometí el error de romper el ayuno digital de Cuaresma justo después de todas las manifestaciones convocadas con motivo del 8-M. Ya sabemos que en el pecado va la penitencia y ese día no hubo excepción. 

Twitter era una especie de zoológico donde los animales, encerrados al otro lado de la pantalla, eran humanos que emitían sonidos extraños, bailoteaban danzas extravagantes, rugían con feroz rabia, o fijaban su mirada enajenada en reporteros que, micro en ristre, se acercaban a ellos para arrancarles alguna declaración.

Pude observar a un policía, que ejercía de escolta, completamente poseído por algún demonio de alto rango, perdiendo los papeles con un reportero. También a un hombre vociferante desquiciado como si otro demonio hubiera tomado el control sobre su cuerpo mientras su víctima intentaba entender qué estaba ocurriendo. 

Una mujer perseguía a un reportero informándole sobre sus ganas de calzarle un sopapo. Dos hombres de edad respetable, acabaron a empujones con unos jóvenes que se habían plantado con unos carteles contrarios a la marcha. 

Algunas jóvenes se pusieron a ladrar, tal que canes cabreados, detrás de un reportero que grababa un directo.

Cada año las marchas feministas nos regalan abundante material de este tipo. Imagino que, con el tiempo, se organizará, si no existe ya, algún equipo de psicólogos que elabore un estudio científico sobre ese tipo de comportamientos y su relación con el 8-M para publicarlo en alguna revista de impacto. 

Este es, sin duda, un tema que merece especial atención, pues la capacidad que tiene el feminismo de atraer a gente completamente desquiciada es algo que debería estudiarse. Por supuesto hay otras luchas que generan fricción social y exaltan también a la masa, pero creo que ninguna azuza hasta tal extremo al personal como el 8-M. 

Quizá el delirio que vemos el 8M en las calles tiene relación con que antes ha tenido lugar un primer delirio, una primera enajenación de la realidad —de aquellos polvos, estos lodos—, ocurrida en la intimidad del hogar, por la cual quienes participan de ese zoológico están convencidos de que las mujeres son asesinadas en masa, están desprovistas de cualquier derecho, explotadas por un mísero salario (a diferencia del varón que de todos es sabido que cobra y vive como un jeque), ninguneadas por un sistema que mientras desprecia a la mujer y judicialmente la pone en clara posición de desventaja ensalza al varón convirtiéndolo en un ser superior. 

Vemos por tanto cómo la propaganda sistémica ha funcionado perfectamente, instalando en las mentes y en los corazones una idea que, aunque cada día se demuestra falsa —sólo hace falta tener una familia, un puesto de trabajo o un grupo de amigos para comprobarlo—, ha anidado en nuestro interior haciéndonos vivir en una disonancia cognitiva que causa histeria, desquicio y consigue se instalen en nosotros el odio y la rabia. 

Eso sí, hay que reconocer que el movimiento del 8-M practica la igualdad que pregona, todos están histéricos por igual: ellos, ellas y elles.

Lo del 8-M es un misterio por resolver que quizá necesite de una mirada sobrenatural. Puede que ella descubriera que hay muchos espíritus malignos implicados. Por los efectos visibles que hemos comentado y por lo invisible que subyace y que porfía por que se dé una lucha sin cuartel entre varón y mujer convirtiéndolos en seres irreconciliables. Una guerra contra la propia naturaleza. 


© La Gaceta