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Suite húngara para mundialistas

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21.04.2026

Dentro del interminable catálogo de frases atribuidas a Winston Churchill —casi todas apócrifas— hay una que en realidad pertenece al político decimonónico François Guizot: «Quien no es republicano a los veinte años no tiene corazón, y quien sigue siéndolo a los cuarenta no tiene cabeza». La juventud no está hecha para moderarse aunque lleve mocasines de borlas —accesorio que algún conversador público decidió arruinar asociándolo al liberal-conservadurismo—, y acaso también por eso, tiende a buscar explicaciones ambiciosas del mundo.

La joven derecha radical de los años 90 compraba, cuando podía y bajo la mirada reprobatoria del quiosquero, un periódico-pasquín llamado La Nación. En contraportada se solía tratar un intrigante asunto al que llamaban «mundialismo». La Trilateral, el club Bilderberg, el de Roma y el Council on Foreing Relations (CFR) eran los cuatro jinetes del apocalipsis que venían a terminar con el escollo que suponía lo nacional para nuestras élites. A ellas las imaginábamos conspirando como en un episodio de los Simpsons: encapuchadas entre el Sr. Barnes y el tejano rico.

Tres décadas han pasado desde entonces y todo es mucho más simple. Ya hay representantes del CFR europeo con columna semanal en el diario El Mundo,........

© La Gaceta