menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

¡El techo! ¡El techo!

16 0
24.03.2026

Hace del acontecimiento poco más de una semana. El acontecimiento fueron las elecciones autonómicas de Castilla y León donde VOX obtuvo, si no los resultados previstos, sí los mejores de su historia. Y, con ellos, un recrudecimiento del acoso al que el partido de Abascal es sometido por parte de la prensa afín al Popular. Durante la campaña electoral la estrategia fue buscar telarañas por los rincones, algo turbio que hacer pasar por escándalo. Tras los resultados, la reacción en caliente, unánime, en tromba y en turba ha sido gritar a los cuatro vientos que «VOX tiene techo». Repentinamente, algunos plumillas se transformaron en demóscopo-sociólogos, historiadores y cutre sexadores del voto castellano-leonés, todo en uno. Vaticinaban un «tiempo nuevo», lo cual, en el fondo, no deja de ser un tiempo viejo. Y es curioso, porque desde que VOX ha empezado a ganar en relevancia, crecen como champiñones los expertos en derecha política. Das una patada y salen catorce hijos putativos de Pedro González Cuevas a venderte libros y contarte qué es la derecha. El problema es que González Cuevas sólo hay uno y ya explicaba en 2024 que «El gran plan del PP es acabar con VOX. El gran proyecto es ese. Sigue habiendo dos derechas y el plan del PP y de los medios de comunicación del PP es acabar con VOX. Es la idea de que mientras exista, la derecha no va a llegar al poder».

Lo que está ocurriendo estos días es la prueba de que no le falta razón al historiador de las ideas conservadoras. Las ganas de que VOX desaparezca, o el miedo al sorpaso, lleva a la prensa institucional a creer que el destino político del partido verde se juega en el resultado de un par de elecciones regionales. No hay otra cosa que la expresión de una desiderata. La clásica imprudencia de aquellos que ya nos tienen acostumbrados a no acertar ni una. Esto nunca les trae consecuencias porque lo hacen parapetados en cabeceras históricas. Haciendo pasar por debacle un buen resultado electoral endiñan sus teorías al suscriptor zombificado por la seriedad pretérita de los medios donde escriben. Hace tiempo, llevar uno o dos periódicos bajo el brazo hablaba de una inquietud, una curiosidad por entender lo que ocurría alrededor. Hoy es casi un signo de desprestigio.

Entre los análisis fallidos los hay de una ceguera preocupante. Por ejemplo, aquellos que comparan y predicen para VOX la misma suerte que corrieron Ciudadanos o Podemos. Suelen venir de quienes, enrocados en su antisanchismo primario (que sí, que hay que echar a Sánchez), nos ocultan las «delicadezas» que nos traería el feijoísmo. En adelante, siempre va a existir una formación de este tipo en España, se llame VOX o se llame Nox. Porque su contexto es el del resto de proyectos que en las sociedades occidentales están comprometidos con la defensa de la unidad nacional o las libertades frente a los programas globalistas o de desarraigo.

No tengo bola de cristal ni me ha tocado con la tapa del yogur el título de demóscopa, historiadora, socióloga y sexadora del voto autonómico para saber qué va a ocurrir en las próximas elecciones andaluzas. Pero sí puedo rescatar el pasado para que nos recreemos en la poca originalidad de la campaña orquestada contra VOX. Ya en el año 2015, la prensa gabacha lo intentó con el FN. Tras las elecciones regionales en las que el partido de Le Pen resultó la fuerza más votada en la primera vuelta, los articulistas de la derecha sociológica salieron con aquello de ¡le plafond! ¡le plafond! Supuestamente la formación había tocado techo. Diez años y mil zancadillas después, Agrupación Nacional goza de muy buena salud y sólo es cuestión de tiempo su llegada al poder.

Del perinde ac cadaver de 2023 al argumentario del «techo» o el «piolet» de la actualidad es todo bastante deprimente. Hace poco menos de un mes que Isabel Díaz Ayuso ha realizado algunas «purgas estalinistas» —por utilizar el lenguaje con el que se maneja la prensa sensata— en el seno del PP madrileño. Nadie le ha pedido que convoque un Congreso ni le ha acusado de falta de democracia. Los partidos se reestructuran y ajustan internamente. VOX tiene derecho a ser lo que quiera ser y no lo que exija el PP, sus exintegrantes, o lo que a mí me gustaría.

De todas formas, hay algo entretenidísimo en este circo. Si uno al que los medios institucionales denostaban y escupían cinco minutos antes abandona el partido verde, le bastan dos entrevistas largando en esos mismos medios para que le empiecen a llamar «brillante liberal».


© La Gaceta