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La gangrena

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29.05.2026

A medida que la podredumbre aflora, el régimen, de cuerpo presente, entra en una nueva fase de descomposición. Es lógico preguntarse cómo hemos llegado a este nivel de ignominia. Pero, mientras tanto, todo sigue curso: las calles permanecen tranquilas, la gente madruga para trabajar y por las terrazas -tan concurridas ya- aletea un aire de indolente despreocupación que es la radiografía más clarificadora del espíritu del tiempo.

Se confirma, de nuevo, que sólo existe una fuerza política capaz de hacer de la agitación callejera la herramienta para subvertir el orden que emana de las urnas. Pero sucede que esa fuerza, a día de hoy, se hunde en una ciénaga de corrupción desde la que, por el momento, le resulta imposible extraer las energías necesarias para algo que no sea garantizarse unas condiciones mínimas de supervivencia. ¿Son éstas sus últimas bocanadas? Probablemente no, aunque ya se verá.

De modo que, salvo por la contundencia descriptiva de algunos titulares de la prensa y la beligerancia pública de unos cuantos comentaristas de la actualidad, hay paz. Paz en las calles, en........

© La Gaceta