Ceuta y la política de la crueldad
Tanto como una entidad física, la frontera es una demarcación psicológica. Establece un límite seguro frente al asedio de las fuerzas que aguardan al otro lado del perímetro. Es una barrera que divide el mundo en dos realidades no necesariamente hostiles, pero que, en primera instancia, optan por preservar su integridad. La frontera, pues, responde al reflejo de conservar lo que se es y lo que se tiene, axioma insoslayable para la salvaguardia de una vida que merezca el calificativo de humana.
El Muro de Adriano o la Gran Muralla China son tempranas materializaciones de esta concepción existencial de la frontera. En su monumentalidad, ambas construcciones expresan el temor, casi instintivo, a que una civilización sucumba al empuje de aquellos elementos que se agitan más allá de sus confines. A este respecto, la marca fronteriza es un limes necesario ante el acecho, no siempre hipotético, de lo desconocido, lo extraño o —con alguna frecuencia— lo salvaje.
En la medida en que todo se define en función de sus límites, sin fronteras no puede haber nada. Las naciones se........
