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No me quieras tanto

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07.09.2026

Si hay algo que me hace preferir a veces una opresiva monarquía del Antiguo Régimen a un gobierno democrático es la sonrisa obligada de los gobernantes.

Detesto que los gobernantes me sonrían, que me hablen como si me amasen, que me traten como si hubiésemos desayunado juntos alguna vez.

Esa es la sutil diferencia psicológica de las ideologías iluministas impuestas en el mundo entero: el gobernante democrático tiene que sonreír, amarnos, darnos abrazos. Procurar, en suma la profunda infantilización de su pueblo que, cada vez más ayuno de Dios, vea en él a su sustituto natural, un padre providente e infalible.

Porque esa es la segunda derivada: el........

© La Gaceta