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¿Podrá sobrevivir el régimen cubano a la escasez de combustible? Un análisis multidimensional y prospectivo

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16.02.2026

Introducción: Un punto de inflexión en la historia cubana

En las primeras semanas de febrero de 2026, la República de Cuba se tambalea al borde de un colapso sistémico inducido por una crisis energética sin precedentes, orquestada en gran medida por la agresiva política exterior de la segunda administración de Donald Trump. La escasez de combustible ha trascendido el ámbito técnico para convertirse en un catalizador de desestabilización social, económica y política, con apagones eléctricos que se extienden hasta 12 a 14 horas diarias en regiones como La Habana y Santiago de Cuba, un colapso total del transporte aéreo comercial —con la cancelación de más de 200 vuelos semanales por falta de queroseno de aviación— y un racionamiento de gasolina que ha reducido el consumo civil al 20% de los niveles normales.

Esta situación no es un mero accidente coyuntural, sino el resultado de una década de erosión estructural agravada por la pandemia de COVID-19, la implosión de la alianza con Venezuela y, ahora, un «bloqueo petrolero» impuesto por Washington que amenaza con asfixiar al régimen castrista.

La pregunta que subyace a este análisis es trascendental: ¿podrá el régimen cubano, heredero de la Revolución de 1959 y forjado en la adversidad del embargo estadounidense de seis décadas, sobrevivir a esta ofensiva? Históricamente, La Habana ha demostrado una resiliencia notable, sobreviviendo al «Período Especial» de la década de 1990 y a múltiples crisis regionales. Sin embargo, el contexto de 2026 es singular, la destitución de Nicolás Maduro en enero de este año cortó el suministro de petróleo venezolano (que cubría hasta el 80% de las necesidades cubanas), México suspendió sus exportaciones por temor a sanciones secundarias, y Trump ha promulgado una orden ejecutiva que impone aranceles del 25%-50% a cualquier nación o empresa que facilite crudo a la isla.

Analistas de Stratfor y Chatham House coinciden en que este asedio podría precipitar un «colapso inminente» si no se materializa un salvavidas internacional o reformas internas audaces.

Este texto, estructurado en secciones temáticas, ofrece un examen minucioso de los antecedentes históricos, las dinámicas actuales de la crisis, los impactos sectoriales, la estrategia estadounidense, el disenso interno, el panorama de apoyo internacional y, finalmente, escenarios prospectivos detallados con probabilidades y contingencias. Basado en reportes recientes de fuentes como The Wall Street Journal, Al Jazeera, TIME y Havana Times.

Contexto histórico: Una resiliencia construida sobre cicatrices profundas

La capacidad de supervivencia del régimen cubano no es un accidente, sino el producto de una arquitectura política y social diseñada para resistir presiones externas. Desde el triunfo revolucionario de 1959, Estados Unidos ha desplegado un arsenal de medidas coercitivas, culminando en el embargo integral de 1960 y la Ley Helms-Burton de 1996, que permite demandar a entidades extranjeras por propiedades expropiadas. Este aislamiento ha forjado una identidad nacional centrada en la «resistencia antiimperialista», un pilar ideológico que ha permitido al Partido Comunista de Cuba (PCC) mantener el control monopólico pese a crisis recurrentes.

El precedente más ilustrativo es el «Período Especial en Tiempo de Paz» (1991-2000), desencadenado por la disolución de la URSS, que eliminó subsidios anuales de 4-6 mil millones de dólares y dejó a Cuba sin el 85% de su petróleo importado. El PIB se contrajo un 35%, la malnutrición afectó al 20% de la población, y la esperanza de vida cayó temporalmente en dos años. Fidel Castro respondió con reformas pragmáticas —legalización del dólar, apertura al turismo y agricultura privada limitada— combinadas con una campaña de propaganda que culpabilizaba exclusivamente al «bloqueo yanqui».........

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