De / sobre Pier Paolo Pasolini
El último proyecto de Pier Paolo Pasolini
«Estas páginas impresas pero ilegibles quieren proclamar de manera extrema -pero que se propone como simbólica también para el resto del libro- mi decisión, que no es la de escribir una historia, sino la de construir una forma […], forma que consiste simplemente en “algo escrito”»
«Querido Alberto `[se refiere a Moravia]: te envío este manuscrito para pedirte un consejo. Es una novela, pero no está escrita como están escritas las verdaderas novelas: su lengua es la que se utiliza para el ensayo, para ciertos artículos de periódico, para las reseñas, para las cartas privadas o también para la poesía…»
Durante más de quince años estuvo en el limbo el material que compone «Petróleo» del escritor italiano, hasta que al final se publicó en 1992 mas con algunas páginas amputadas, sería en 2022 cuando se publicó la obra al completo recuperando las páginas ausentes; edición que acaba de ver la luz en castellano de la mano de Nórdica, con un clarificador y ubicador aparato crítico del traductor Miguel Ángel Cuevas .
La crítica recibió el volumen con notable desprecio siendo considerado como un batiburrillo lleno de obscenidades, pura desesperación que se prestó, antes de ser consideraba una verdadera obra literaria, a lecturas patológicas, sexuales y biográficas, que destacaban las resonancias sadomasoquistas al igual que en su film de 1975 Saló o los 120 días de Sodoma. Ha de tenerse en cuenta que la escritura de la obra que provoca estas líneas fue comenzada por la misma época que la película nombrada.
Más de setecientas páginas, avanzando a azarosos saltos, que no presentan un relato lineal sino que una especie de cajón de sastre en el que el autor guardaba notas, noticias leídas en la prensa, que se entreveraban con fantasmeos por los bordes del erotismo y la política; sea como sea, a través de la lectura puede constatarse la situación conflictiva que atravesaba la sociedad italiana, sin que ello suponga, de ninguna de las maneras que exista un fractura entre la historia y la historia personal, subjetiva, del hombre que respondía al nombre de Pier Paolo Pasolini.
Como la cabeza de Jano puede considerarse al protagonista, Carlo, que encarna a dos personajes: un poderoso ingeniero y un hombre de pueblo -Carlo Polis y Carlos de Tetis / Carlo y Karl-; en su aspecto profesional pretende emplearse en la ENI, compañía petrolífera italiana- Ente Nazionale Idrocarburi, siendo su comportamiento reflejo de lo apolíneo y lo dionisíaco. Ambos viven, obviamente, en el mismo escenario en el que se ven las maniobras de la mafia, la corrupción y la bota del neofascismo. Esta duplicidad también se traduce en el sexo doble de Carlo Valletti, que no tiene límite en lo que respecta al objeto de su deseo, que no quedan en esto, sino que se plasma en seducciones varias: con su madre, hermanas, abuela, amiga de ésta, la criada y su hija, al tiempo que goza con el cuerpo de numerosos muchachos en la noche romana. En medio de todo ello, planea la toma de pulso del tejido social de Italia, realizada por una mirada descarnada en la que el autor dispara sin cesar para todos los lados. Y la forma a la que alude en la frase transcrita al principio «es mirada y su programa es el credo de una ética vital», que se despliega en alegórico descenso a los infiernos de su país.
La pretendida novela, que Pasolini consideraba que iba a ser su obra maestra, obra de la vida que se desarrolla individualmente en el seno de la colectividad, quedó inconclusa debido a su asesinato, en noviembre de 1975, en la noche de Ostia, al igual que aquella inquieta vida que se alzaba contra el pensamiento dominante, contra el sistema, no casándose con nadie y siempre en acción desbordante…y, al final, padecida en su soledad y aislamiento. Si digo inconclusa, no obstante, cabría considerarla en el conjunto de las sátiras menipeas de las que hablase Mijaíl Bajtin al conservar cierta familiaridad con el quehacer socrático a la vez que gana espacio la libertad de reinventarlo; significativos resultan los ambientes en los que se expresa el naturalismo de bajos fondos sumamente grosero y extremo: «las aventuras de la verdad -decía el teórico ruso de la literatura, hablando de Dostoievski- en la tierra tienen lugar en los caminos reales, en los lupanares, en los antros de ladrones, en cantinas, en plazas de mercado, en las cárceles, en las orgías eróticas de los cultos secretos, etc.» .
Sensaciones que se mimetizan con el paisaje desértico, descampados, y que exigen esfuerzo para el lector, al que el autor hace que se sienta como parte de la conversación que con él mantiene hasta el punto de las confidencias; dificultad que irrumpe ante la fragmentariedad de los apuntes, que a veces funcionan a modo de un particular juego de la oca, mas sin salirse del tablero, y al modo de aquella aseveración de Michel Foucault, en su La arqueología del saber, parece sonreír por la obligación que impone participar en su juego: «No, no, estoy donde ustedes tratan de descubrirme sino aquí, de donde los miro, riendo».
El escritor se refiere al inicio de sus travesía al Satiricón: «Todo Petróleo deberá presentarse bajo forma de edición crítica de un texto inédito (considerado como una obra monumental, un Satiricón moderno)»…el nombre del autor de dicha obra del siglo I romano, Petronio, comienza con P, como Pasolini y como Petróleo.
La literatura de Pasolini, y…la de Calvino
No sé si decir las modas o los cambios de los tiempos provocan modificaciones en el ámbito de los gustos y valoraciones culturales, muy en concreto en el de la literatura. Así ha sucedido con Pasolini y Calvino, quedando el primero fuera de onda, mientras que el segundo cobraba potente presencia en el canon. Esto es lo que retrata Carla Benedetti (Pisa, 1952) en su «Pasolini contra Calvino. Por una literatura impura», editado por Shangrila.
Ambos coetáneos, llegado el momento modifican sus trayectorias o su modo de su escritura, mas en sentido inverso: así Calvino, invadido por un malestar de identidad se vuelca en un esteticismo y en una experimentación formal, abandonando cualquier mordiente crítico y manteniéndose dentro del orden del sistema literario; al contrario, Pasolini, con ciertos tonos desesperanzados con respecto al quehacer literario, y su posible influencia en el devenir de las cosas, se entrega, en cuerpo y alma, a mantenerse al margen, de los límites acotados por las instituciones y como muestra su libro póstumo -al que he dedicado las líneas precedentes- en el que no deja títere con cabeza, al desentrañar el corazón del sistema en curso con la corrupción, las tendencias simbióticas entre mafia y políticos,........
