Despreciemos a Artemis II: hipercolonialismo supremacista holocida y la trampa seductora de la nueva carrera espacial
La “humanidad” vive estos días otro episodio de intoxicación con su propia “grandeza” con las imágenes de la visión Artemis II que lanza una misión tripuladas hacia la Luna por primera vez en más de 50 años. Pero esta propaganda supremacista oculta mensajes muy perversos que urge desmontar.
El “deslumbrante” chorro de combustible quemado del cohete más grande de la historia de la NASA evidencia lo que su aura de neocolonialismo supremacista oculta: la radical insostenibilidad de la carrera espacial como punta de lanza, junto a la IA, del supremacismo humano suicida y ecocida, a la par que evidencia, para cualquier ojo mínimamente perspicaz o conocedor, el absurdo de la carrera espacial y de todo intento de abandonar la Tierra, como partes de un sueño supremacista que destruye la tierra y con ello todo futuro posible. Desgranamos a continuación esta afirmación.
El gigantesco cohete contiene el combustible necesario solo para un minúsculo modulo con 4 astronautas que va a dar unas vueltas a la luna. Esto se debe sobre todo a la energía necesaria para alcanzar la velocidad de escape de la gravedad terrestre. Pero se suele obviar la desproporción que implica propulsar este cohete, y el salto exponencial que supone respecto a la ya muy dañina aviación terrestre que es ya parte esencial de la actual crisis climática. Imaginen un futuro (de hecho imposible) donde hubiera cohetes tan frecuentes como aviones consumiendo esas cantidades astronómicas de combustible solo para lanzar pequeñas sondas o satélites al espacio. De hecho ya se lanzan demasiados.
Siguiendo a la ecuación Tsiolkovsky que calcula el combustible necesario para estos lanzamientos, la cantidad de combustible para llegar a Marte con una misión tripulada está más allá de lo que la actual ciencia es capaz de hacer, pues aumenta de forma exponencial: para un viaje de 8 meses, cerca 500 días de espera en Marte hasta tener de nuevo los planetas alineados en su distancia más corta, más otros 8 meses de regreso, implica una aumento tan exponencial de combustible, que a su vez pesa mucho más y a su vez requiere más combustible para ser elevado, que se convierte en una barrera infranqueable.
Sin mencionar la, hoy por hoy imposible tarea de relanzar un cohete desde Marte sin tener allí la base de lanzamiento, sistemas e industrias planetarios billonarios con miles de científicos y técnicos, y gobiernos detrás, y la infinidad de otras cuestiones y desafíos que hacen ese salto esencialmente distinto del lunar y hoy por hoy imposible. Seguramente por eso Elon Musk ha abandonado o pospuesto ese proyecto (igual que Meta ha abandonado el delirante proyecto del........
