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El error de cálculo de CCOO y UGT en la Educación Pública catalana (cast/cat)

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19.03.2026

Oscar Murciano, CGT Terrassa AD

Cualquier que esté militando en sindicalismo desde unos años conoce sobradamente el modus operandi. En el contexto de una lucha contundente que ponga en dificultades a una empresa o gobierno, estos sondean una salida que impida tener que abonar el peaje que las fuerzas sindicales requieren para parar el conflicto. Hay muchos métodos, pero el más habitual es romper la fuerza de las trabajadoras mediante la división interna. Divide et impera funciona desde hace milenios no por casualidad.

Así pues, la patronal se acerca a los sindicatos más moderados y proclives a romper la unidad sindical con una oferta. Un compromiso de ciertas mejoras mínimas, imposibles de haber logrado sin la presión existente generada por los sindicatos más decididos, y el protagonismo del acuerdo. Acuerdo que acostumbra a venderse cómo si fuera mérito de aquellos que han roto la unión colectiva. Ambas partes salen ganando.

El resultado acostumbra a ser el debilitamiento de la fuerza de la huelga, con el descuelgue de una parte de la plantilla. La confusión, manipulación de los datos para hacerlo más atractivo, el efecto desmoralizante de la división, el cierre oficial del conflicto es muy destructivo y consigue el efecto buscado: el potencial de mejoras asociado a la fuerza existente se evita que derive en un texto mucho mejor.

Cómo se puede imaginar, en tantos y tantos conflictos donde se repite este patrón de colaboracionismo con la patronal, los sindicatos que han visto como se pincha el globo de presión y los huelguistas más concienciados se indignan de forma directamente proporcional a la intensidad en que se esté desarrollando la lucha. Se incrementa la tensión interna de varias formas, mientras se intenta revitalizar el daño ocasionado. A menudo no se puede y el conflicto agoniza a la vez que se inicia una fuerte campaña de márqueting para poner en valor a los que dejaron tirados a los compañeros de lucha para estar cerca de quién manda.

Cuando a diez días vista de la semana de huelgas a Enseñanza me llegaban noticias de que se repetiría, por enésima vez, la misma jugada no me lo creía. Quiero decir, no me creía que los firmantes no previeran lo que se los vendría encima en este caso. Estamos hablando de una de las plantillas más grandes de Cataluña, unas 95.000 personas, donde el peso de CCOO es muy reducido y el de UGT prácticamente marginal y en vías de desaparición. En un ciclo de movilización mucho más potente que el último de 2022 que hizo caer al consejero Cambray. ¿Qué creían que pasaría dentro de un colectivo donde no tienen mínima influencia y a la vez supersensibilizado? ¿Que habría un poco de ruido controlable mediante el apoyo de los medios de comunicación institucionales y que una nueva campaña de........

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