El error de cálculo de CCOO y UGT en la Educación Pública catalana (cast/cat)
Oscar Murciano, CGT Terrassa AD
Cualquier que esté militando en sindicalismo desde unos años conoce sobradamente el modus operandi. En el contexto de una lucha contundente que ponga en dificultades a una empresa o gobierno, estos sondean una salida que impida tener que abonar el peaje que las fuerzas sindicales requieren para parar el conflicto. Hay muchos métodos, pero el más habitual es romper la fuerza de las trabajadoras mediante la división interna. Divide et impera funciona desde hace milenios no por casualidad.
Así pues, la patronal se acerca a los sindicatos más moderados y proclives a romper la unidad sindical con una oferta. Un compromiso de ciertas mejoras mínimas, imposibles de haber logrado sin la presión existente generada por los sindicatos más decididos, y el protagonismo del acuerdo. Acuerdo que acostumbra a venderse cómo si fuera mérito de aquellos que han roto la unión colectiva. Ambas partes salen ganando.
El resultado acostumbra a ser el debilitamiento de la fuerza de la huelga, con el descuelgue de una parte de la plantilla. La confusión, manipulación de los datos para hacerlo más atractivo, el efecto desmoralizante de la división, el cierre oficial del conflicto es muy destructivo y consigue el efecto buscado: el potencial de mejoras asociado a la fuerza existente se evita que derive en un texto mucho mejor.
Cómo se puede imaginar, en tantos y tantos conflictos donde se repite este patrón de colaboracionismo con la patronal, los sindicatos que han visto como se pincha el globo de presión y los huelguistas más concienciados se indignan de forma directamente proporcional a la intensidad en que se esté desarrollando la lucha. Se incrementa la tensión interna de varias formas, mientras se intenta revitalizar el daño ocasionado. A menudo no se puede y el conflicto agoniza a la vez que se inicia una fuerte campaña de márqueting para poner en valor a los que dejaron tirados a los compañeros de lucha para estar cerca de quién manda.
Cuando a diez días vista de la semana de huelgas a Enseñanza me llegaban noticias de que se repetiría, por enésima vez, la misma jugada no me lo creía. Quiero decir, no me creía que los firmantes no previeran lo que se los vendría encima en este caso. Estamos hablando de una de las plantillas más grandes de Cataluña, unas 95.000 personas, donde el peso de CCOO es muy reducido y el de UGT prácticamente marginal y en vías de desaparición. En un ciclo de movilización mucho más potente que el último de 2022 que hizo caer al consejero Cambray. ¿Qué creían que pasaría dentro de un colectivo donde no tienen mínima influencia y a la vez supersensibilizado? ¿Que habría un poco de ruido controlable mediante el apoyo de los medios de comunicación institucionales y que una nueva campaña de desactivación interna con Apps, grafismo y datos sesgados lo iría deshinchando?
Querer replicar el funcionamiento del sindicalismo mayoritario, hacer y deshacer sin muchas explicaciones, en un espacio donde no lo eres y, además, con un volumen de plantilla e impacto social de primer orden es un suicidio sindical. Como así se está demostrando.
Las muestras de indignación en numerosos institutos, una encuesta con casi 43.000 respuestas y un 95% de rechazo al pacto es solo la punta de un iceberg que deja en evidencia que la jugada no ha funcionado. Las huelgas siguen presionando y el conflicto escalará, ahora sin salidas desde la eslabón más próximo, poniendo en una posición muy difícil al gobierno: O se pone en modo bunker resistiendo el desgaste de la furia docente (que todo el mundo sabe que es muy problemática por los efectos sociales que hay asociados a millones de familias) o mira de solventar el problema. Es decir reabriendo negociaciones y, por lo tanto, dejando en evidencia a los que se bajaron primero del carro.
En cuanto a lo que llaman daño reputacional para los sindicato firmantes el panorama es devastador. El volumen de personas indignadas ha expresado de forma masiva en redes sociales lo que piensan de estos. Los principales perfiles han cerrado comentarios y, ya lo que faltaba, lo intentan combatir criminalizando este enfado como si fueran comportamientos de ultraderecha para victimizarse amplificando alguna expresión de aquí o de allá. Quizás algunos preferirían debates calmados en una mesa con pocos participantes sobre si pinchar o no una movilización en complicidad con la patronal es aceptable, pero los conflictos obreros son cómo son y han sido así siempre. Si no lo entiendes es que seguramente lo has olvidado de tanto no practicarlo.
No acaba aquí el problema para los firmantes. Hay una percepción social creciente desde hace tiempo respecto el acercamiento de estas organizaciones a los poderes políticos o económicos, como consecuencia de décadas de institucionalización y paz social, con resultados materiales negativos para la clase trabajadora. Es bastante claro el efecto de la fuerza que decenas de miles de personas sensibilizadas expliquen en sus círculos próximos respectivos lo que piensan de estos dos sindicatos. El desgaste se multiplica.
CCOO y UGT tenían la opción de seguir en medio del grupo de ciclistas, pasando desapercibidos mientras otros equipos tiraban frente. Pero no, han hecho un increíble error de cálculo respecto a sus capacidades en este contexto interno y en el año en que vivimos. En 2026 y en situación de minoría no puedes actuar como si estuviéramos treinta años atrás. Los años de las fotografías y el crédito social han muerto. Y parece que no lo sabían.
El gobierno de la Generalitat tiene un problema. Suerte.
Lunes, 16 marzo, 2026
L’error de càlcul de CCOO i UGT a Ensenyament
Qualsevol que estigui militant en sindicalisme uns anys coneix sobradament el modus operandi. En el context d’una lluita contundent que posi en dificultats a una empresa o govern, aquests sondejen una sortida que impedeixi haver d’abonar el peatge que les forces sindicals requereixen per aturar el conflicte. Hi ha molts mètodes, però el més habitual és trencar la força de les treballadores mitjançant la divisió interna. Divide et impera funciona des de fa milenis no per casualitat.
Així doncs, la patronal s’apropa als sindicats més moderats i proclius a trencar la unitat sindical amb una oferta. Un compromís de certes millores mínimes, impossibles d’haver assolit sense la pressió existent generada pels sindicats més decidits, i el protagonisme de l’acord. Acord que acostuma a vendre’s com si fós mèrit d’aquells que han trencat la unió col·lectiva. Ambdues parts hi surten guanyant.
El resultat acostuma a ser l’afebliment de la força de la vaga, amb el despenjament d’una part de la plantilla. La confusió, manipulació de les dades per fer-ho més atractiu, l’efecte desmoralitzador de la divisió, el tancament oficial del conflicte és molt destructiu i aconsegueix l’efecte buscat: el potencial de millores associat a la força existent s’evita que derivi en un text molt millor.
Com es pot imaginar, en tants i tants conflictes on es repeteix aquest patró de col·laboracionisme amb la patronal, els sindicats que han vist com es punxa el globus de pressió i els vaguistes més conscienciats s’indignen de forma directament proporcional a la intensitat en que s’estigui desenvolupant la lluita. S’incrementa la tensió interna de diverses formes, mentre s’intenta revitalitzar el dany ocasionat. Sovint no es pot i el conflicte agonitza alhora que s’inicia una forta campanya de màrketing per posar en valor als que van deixar tirats als companys de lluita per estar a prop de qui mana.
Quan a deu dies vista de la setmana de vagues a Ensenyament m’arribaven notícies de que es repetiria, per enèssim cop, la mateixa jugada no m’ho creia. Vull dir, no em creïa que els signants no preveiessin el que els hi vindria a sobre en aquest cas. Estem parlant d’una de les plantilles més grans de Catalunya, unes 95.000 persones, on el pes de CCOO és molt reduït i el d’UGT pràcticament marginal i en vies de desaparició. En un cicle de mobilització molt més potent que el darrer de 2022 que va fer caure el conseller Cambray. Què creien que passaria dins un col·lectiu on no tenen mínima influència i alhora supersensibilitzat? Que hi hauria una mica de soroll controlable mitjançant el suport dels mitjans de comunicació institucionals i que una nova campanya de desactivació interna amb Apps, grafisme i dades esbiaixades ho aniria desinflant?
Voler replicar el funcionament del sindicalisme majoritari, fer i desfer sense gaires explicacions, a un espai on no ho ets i, a més, amb un volum de plantilla i impacte social de primer ordre és un suïcidi sindical. Com així s’està demostrant.
Les mostres d’indignació a nombrosos instituts, una enquesta amb gairebé 43.000 respostes i un 95% de rebuig al pacte és només la punta d’un iceberg que deixa en evidència que la jugada no ha funcionat. Les vagues segueixen pressionant i el conflicte escalarà, ara sense sortides des de l’eslabó més proper, posant en una posició molt difícil al govern: O s’hi posa en mode bunker resistint el desgast de la fúria docent (que tothom sap és molt problemàtica pels efectes socials que hi ha associats a milions de families) o mira de solventar el problema. És a dir reobrint negociacions i, per tant, deixant en evidència als que es van baixar primer del carro.
Pel que fa al que en diuen dany reputacional pels sindicat signants el panorama és devastador. El volum de persones indignades ha expressat de forma massiva a xarxes socials el que en pensen d’aquests. Els principals perfils han tancat comentaris i, ja el que faltava, ho intenten combatre criminalitzant aquest empipament com si fossin comportaments d’ultradreta per tal de victimitzar-se amplificant alguna expressió d’aquí o d’allà. Potser alguns preferirien debats calmats en una taula amb pocs participants sobre si punxar o no una mobilització en conxorxa amb la patronal és acceptable, però els conflictes obrers són com són i han estat així sempre. Si no ho entens és que segurament ho has oblidat de tant no practicar-ho.
No acaba aquí el problema pels signants. Hi ha una percepció social creixent des de fa temps respecte l’apropament d’aquestes organitzacions als poders polítics o econòmics, com a conseqüència de dècades d’institucionalització i pau social, amb resultats materials negatius per a la classe treballadora. És prou clar l’efecte de que força desenes de milers de persones sensibilitzades expliquin als seus cercles propers respectius el que en pensen d’aquests dos sindicats. El desgast es multiplica.
CCOO i UGT tenien la opció de seguir al mig del grup de ciclistes, passant desapercebuts mentre uns altres equips tiraven al capdavant. Però no, han fet un increïble error de càlcul respecte les seves capacitats en aquest context intern i l’any en que vivim. Al 2026 i en situació de minoria no pots actuar com si estiguessim trenta anys enrere. Els anys de les fotografies i el crèdit social han mort. I sembla que no ho sabien.
El govern de la Generalitat té un problema. Sort.
