El «fantasma del anticomunismo» regresa para abrir paso al «gran reajuste» que se prepara
Washington resucita «el enemigo comunista»: el pretexto perfecto para un nuevo orden hemisférico. La reunión convocada por Marco Rubio en Washington va mucho más allá de una iniciativa contra el llamado «terrorismo político». La recuperación del viejo fantasma del anticomunismo parece destinada a construir el clima ideológico necesario para legitimar un profundo proceso de reordenación geopolítica y económica —el denominado «Gran Reajuste»— en el que América Latina vuelve a ocupar un lugar estratégico.
La reunión ministerial convocada en Washington por el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, el pasado 16 de julio, no fue una simple conferencia internacional sobre seguridad. La presencia de representantes de más de sesenta países, el discurso pronunciado por Rubio y la publicación posterior del informe «Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI«, permiten entrever una estrategia política mucho más amplia.
Detrás del lenguaje de la lucha contra el «terrorismo político de extrema izquierda» se está perfilando un intento de reconstruir una suerte de Eje internacional destinado a combatir no solo a organizaciones supuestamente violentas, sino también a todo tipo de movimientos sociales, sindicales, fuerzas políticas y gobiernos que puedan cuestionar la hegemonía económica e ideológica estadounidense en el mundo.
EL ENEMIGO VUELVE A LLAMARSE «COMUNISMO»
La Administración Trump ha recuperado un lenguaje que parecía enterrado con el final de la Guerra Fría. En la reunión ministerial, Rubio presentó el denominado «terrorismo político de extrema izquierda» como una amenaza global capaz de infiltrarse en las instituciones democráticas y de coordinar acciones desde América Latina hasta Europa.
Pocos días después, el Departamento de Estado publicó un extenso documento dedicado exclusivamente a Cuba. En él se atribuye a la Isla un papel central en la construcción de una supuesta red internacional de influencia política que abarcaría desde movimientos revolucionarios latinoamericanos hasta organizaciones sociales estadounidenses, pasando por colectivos antirracistas, organizaciones pacifistas y sectores de la izquierda europea.
Más allá de la total falta de veracidad de estas acusaciones, el elemento verdaderamente significativo es el cambio doctrinal que representan. Durante años, Washington justificó muchas de sus intervenciones internacionales en nombre de la lucha contra el terrorismo islamista. Ahora el enemigo vuelve a identificarse con el comunismo, el marxismo y cualquier movimiento que cuestione el orden político y económico liderado por Estados Unidos.
DE LA SEGURIDAD NACIONAL A LA GUERRA IDEOLÓGICA
El discurso de Rubio en el mentado cónclave macartista no se limitó a combatir supuestos «actos terroristas». Amplió extraordinariamente el concepto de amenaza. Según la nueva narrativa, organizaciones políticas legales, movimientos sociales, sindicatos,........
