Soy un viejo comelibros
A los ocho años alguien cometió el error de regalarme un libro. Se llamaba Las aventuras de Vania el forzudo, de la colección El Barco de Vapor, y venía con una portada que hoy no recuerdo, pero con un efecto que no se me fue nunca: no paré de leer desde entonces. De ahí en más mi vida tiene una cronología rara, medida en libros en lugar de años. Después llegó Doña Bárbara, después los cuentos de Rómulo Gallegos, y en el bachillerato caí de lleno en los autores del Boom Latinoamericano, con Gabriel García Márquez a la cabeza, que llegó como llega un huracán, sin pedir permiso y reordenando todo lo que había alrededor.
Por esos mismos años del liceo descubrí, no en un libro sino en el diario, a José Ignacio
Cabrujas, que escribía columnas capaces de hacerte reír y hacerte pensar en la misma frase, algo que a mí me pareció una proeza técnica antes de entender que era, en realidad, un estilo de vida. Ahí nomás aparecieron Salvador Garmendia e Ibsen Martínez, y con este último me pasó algo que todavía me cuesta creer: años después, ya........
