Las personas pueden aprender a decir que no sin sentir culpa
Hay decisiones que parecen insignificantes en la rutina diaria: aceptar un compromiso al que no queríamos ir, callar una opinión en una reunión o pronunciar un "sí" amable cuando, por dentro, existía un "no"rotundo. Desde afuera nadie lo nota. La vida sigue su curso con total normalidad.
Pero en el fuero interno ocurre algo más profundo: estamos respondiendo desde el miedo.
El miedo a decepcionar a los demás es uno de los más silenciosos y persistentes que existen. No se manifiesta con gritos ni con escenas dramáticas. Se instala de forma discreta, casi automática, hasta que la persona deja de preguntarse qué es lo que realmente desea.
Y allí radica una de las claves principales: muchas veces ni siquiera somos conscientes de que estamos actuando movidos por el temor.
¿Cómo reconocerlo en el día a día? Suele aparecer como una sensación de alerta cuando
evaluamos hacer algo distinto a lo que el entorno espera de nosotros. Tal vez una ligera presión en el pecho, un nudo en el estómago o una inquietud que activa escenarios hipotéticos negativos: "¿y si se molestan?", "¿y si piensan que soy egoísta?", "¿y si los decepciono?".
Ese diálogo interno es una señal positiva
Desde la Programación Neurolingüística (PNL) comprendemos que la gran mayoría de estos
patrones no nacen en la adultez. Se forman mucho antes, durante la infancia, cuando aprendemos........
