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Romper el efecto Gólem

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04.04.2026

Romper el efecto Gólem

He terminado de escribir un nuevo libro con el título “El efecto Gólem. Las profecías de autocumplimiento”. El libro será publicado por la editorial argentina Homo Sapiens, sita en la ciudad santafecina de Rosario. La iniciativa ha ido fraguando a través del tiempo. De hecho, en esta sección he ido publicando, desde hace muchos años, casos reales que describen de forma meridiana qué es, qué consecuencias tiene y cómo se pueden anular los efectos perniciosos que provoca el efecto Gólem.

El libro está dirigido especialmente al profesorado y también a padres y madres como potenciales autores de estas profecías. Y, por supuesto, a los destinatarios de las mismas para ayudarles a romperlas y a eliminar sus perniciosos efectos.

Abro el libro con esta dedicatoria: “Para mi hija Carla, que un día, siendo muy pequeña, me definió, sin pretender hacerlo, el concepto de autoestima. Me dijo con aplomo en una conversación sobre su comportamiento: papá, es que yo soy fan de mí misma”.

Para saber en qué consiste el efecto Gólem, es necesario que describa someramente el efecto Pigmalión. Digo esto porque el efecto Gólem es el efecto Pigmalión negativo. Consiste en decirle a un hijo o a un alumno frases de este tipo: “Tú no vales…”, “tú no podrás…”, “tú nunca serás capaz…”, “tú no llegarás a nada”… La profecía tiene a veces un destinatario único, otras grupal y, en algún caso, un colectivo entero.

Por ejemplo, “los gitanos no sirven para estudiar”, “las mujeres no son buenas para las ciencias”… Pues bien, no hay mayor opresión que aquella en la que el oprimido mete en su cabeza los esquemas del opresor.

El mito de Pigmalión es una leyenda de la mitología griega que habla sobre el poder del deseo, el amor idealizado y la creación artística. La versión más conocida del mito de Pigmalión aparece en Las Metamorfosis de Ovidio. Pigmalión era un rey y escultor de Chipre que no creía en las mujeres reales porque las consideraba imperfectas. Entonces decidió esculpir en marfil la figura de la mujer ideal. La estatua era tan perfecta y hermosa que terminó enamorándose de ella. Desesperado por su amor imposible, Pigmalión pidió ayuda a Afrodita, diosa del amor.

Conmovida la diosa por su amor apasionado y sincero, la diosa dio vida a la estatua. En algunas versiones la mujer recibe el nombre de Galatea.

El mito cuenta que Pigmalión y Galatea se casaron y vivieron felices.

El mito suele interpretarse como una metáfora del poder creador del arte, de la idealización del amor, del deseo de perfección y de la relación entre el creador y su obra. También dio origen al llamado “efecto Pigmalión”, un fenómeno psicológico que explica cómo las expectativas positivas que tenemos sobre otras personas influyen en su comportamiento y rendimiento, hasta el punto de que esas expectativas tienden a cumplirse.

Robert Rosenthal y Lenore Jacobson realizaron en 1968 un curioso experimento en una escuela de Primaria de Estados Unidos. Después de realizar unas pruebas a los alumnos dijeron a los profesores que ciertos alumnos tenían un alto potencial intelectual (sin que este hecho tuviera una base real). Los profesores mostraron más atención y paciencia con ellos, les corrigieron con mayor solicitud, les dieron un mejor feedback, les exigieron un poco más y esperaron de ellos mejores resultados. Esos alumnos mejoraron su rendimiento más que aquellos sobre los que no se habían proyectado esas expectativas.

El comportamiento de los profesores respecto a esos alumnos a los que consideran, de manera infundada, especialmente inteligentes, varía de forma más o menos consciente en los siguientes parámetros: el tiempo que se les dedica, el tono de voz al hablarles, las oportunidades que se les ofrecen, la tolerancia del error y el nivel de exigencia. Las personas captan esas señales y ajustan a ellas el comportamiento. De esta forma se crea un círculo que se retroalimenta. Contaron la experiencia en 1968 en un libro que tuvo una potente difusión: Pygmalion in the Classroom. Teacher Expectation and Pupils Intellectual Development.

De todos modos, habrá que convenir que el efecto Pigmalión no es mágico. Las investigaciones demuestran que el impacto de la proyección de expectativas no transforma radicalmente el rendimiento, sino que produce cambios pequeños y moderados. No convierte automáticamente a alguien con bajo rendimiento en un genio. El efecto suele ser moderado, no enorme. Por otra parte, no tiene la misma repercusión en todas las personas. En primer lugar porque los contextos en los que están inmersas son diferentes. Me refiero a contextos sociales y a contextos escolares y familiares. En segundo lugar, hay diferencias entre unas personas y otras. Unas son más sensibles que otras a las expectativas externas. Hay que tener en cuenta la autoestima previa, la motivación interna, la personalidad, las experiencias anteriores. En tercer lugar, además de la influencia de las expectativas existen otras variables que pueden intervenir en el rendimiento: cambios metodológicos, influjo de los pares, maduración personal, recursos adiciones provenientes de la familia. En cuarto lugar, la profecía no sustituye la capacidad y el esfuerzo personal. Existen habilidades reales, capacidad de disciplina y esfuerzo, presiones familiares, salud emocional y física…

Gólem es la figura hecha de barro o arcilla a la que se da vida en la mitología hebrea. El efecto Gólem es el reverso del efecto Pigmalión.

Describe cómo las expectativas negativas sobre una persona o grupo acaban provocando peores resultados haciendo que esa expectativa se cumpla.

El nombre procede del mito judío del Gólem, una criatura creada de barro para obedecer órdenes, sin voluntad propia. Simboliza cómo alguien puede ser reducido a un papel limitado por quien lo controla. Las bajas expectativas se expresan de forma sutil: menos atención, menos oportunidades, feedback pobre o inexistente, menor exigencia, tono condescendiente y actitud distante. Se produce un fenómeno circular. Una expectativa negativa provoca una actitud y un proceder que consigue hacer realidad esa expectativa. La profecía de un suceso se suele convertir en el suceso de la profecía.

El libro tiene una primera parte dedicada a reflexionar sobre la importancia de la autoestima y el modo de fortalecerla. Una buena autoestima es la herramienta fundamental para romper la fuerza del efecto Gólem.

En la segunda parte del libro presento 22 casos reales de estas profecías que fueron desmontadas por la inteligencia y el coraje de sus destinatarios. En uno de ellos cuento la historia de una alumna mía que dijo en una clase que, cuando estudiaba EGB, había tenido un profesor que le decía que nunca llegaría a obtener el Graduado Escolar y que no podría cursar una carrera universitaria porque no valía para estudiar.

Lo mismo les decía a sus padres cuando acudían a la tutoría. Como lo está contando en tercero de carrera deduzco que, en su momento, rompió la profecía. Así que le pregunté cómo reaccionaba cuando el profesor le decía que no valía para estudiar. En honor a ella y a la verdad diré lo que contestó: cuando el profesor me decía que no obtendría el Graduado Escolar y que nunca podría cursar una carrera universitaria yo mostraba el dedo corazón (e hizo el gesto correspondiente, despertando el aplauso de los compañeros y las compañeras).

Recuerdo que le dije: “A ti te salvó el dedo corazón. Si no lo hubieras mostrado, hoy no estarías aquí”.

Contó también que en el año de prácticas había ido al colegio donde había estudiado EGB. Estaba allí su profesor, el profeta. Se presentó a él y le dijo que estaba estudiando en la Universidad, que obtenía notas sobresalientes y que estaba muy ilusionada con su carrera. El profesor le dijo: “es el único caso en el que me he equivocado”. ¿Qué responsabilidad había tenido en los aciertos?

Les recuerdo en el libro a los profesores y a los padres que están ahí para ayudar, motivar, impulsar y fortalecer. La palabra autoridad procede del verbo latino auctor, augere, que significa hacer crecer.

Quien aplasta, desanima, silencia y destruye, tendrá poder, pero no tiene autoridad. A quienes son víctimas de una de estas profecías les digo: si alguien hace sobre ti una profecía destructiva, un vaticinio demoledor, no te olvides y saca el dedo, corazón. Saca el dedo corazón, corazón mío, porque te quiero, porque me importas, porque tu fracaso es el mío porque tú me dueles.

En la tercera parte presento 25 ejercicios para ayudar a construir una buena autoestima, desde nuestra condición de arquitectos del yo. Hay “materiales naturales” que proceden de la experiencia cotidiana (lo importante no es lo que pasa sino cómo afrontamos eso que pasa) y también hay “materiales artificiales” que podemos utilizar para construir una autoestima poderosa que nos ayude a romper las consecuencias nocivas del efecto Gólem.

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