¿Y tú para que dices nada?
Un edificio en construcción en Elche, en una imagen reciente. / Áxel Álvarez
«Es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente».
Mi madre, que era muy lista y se sabía lo que llevaba entre manos, como lo son todas las madres, siempre me dijo aquello de: «Si no estas seguro de lo que vas a decir, mejor no digas nada» y este es un consejo que he interiorizado en mi vida, por lo que en muchas ocasiones prefiero escuchar y no hablar, máxime cuando el tema a tratar se me escapa por desconocimiento, me supera por ignorancia o me es indiferente por irrelevante. Para estas ocasiones, que son más frecuentes que las que ustedes se pueden imaginar, prefiero poner caras, como la de «¿pero que me estas contando, prima?» o la de «¡perdona, pero creo que me confundes con alguien a quien le interesa lo que estas diciendo!» o la que uso muy a menudo, que es la misma que ponen las vacas cuando ven pasar un tren.
Y es que eso de hablar por hablar y aparentar que uno sabe de lo que dice es algo que se estila en estos tiempos, como lo de llevar gafas del tamaño de un televisor o pantalones tobilleros, vivimos una época donde la información corre como si fuera el Correcaminos y donde la exactitud y veracidad de aquello que se dice, se rumorea o se rumia es indiferente y carece de importancia. Lo que es imprescindible para ser o creerse alguien verdaderamente Trendsetter, Influencer, Taste-maker o listo de cojones es tener y dar tu opinión, da igual, tú habla, aunque no tengas ni la más remota idea del asunto del que se trate y lo que digas pueda ser exacto, relativo o simplemente inexistente, lo importante es que se note que uno está puesto y no de sustancias extrañas, sino de conocimientos.
Cuando conectas la televisión o la radio, diariamente aparecen contertulios que saben de todo, son Enciclopedias Espasa con vida propia, o como un roto,........
