Estío y hastío
Una imagen de una pareja que decide iniciar los trámites de divorcio. / Cedida
Para los amantes de las estadísticas, ese nutrido grupo de personas que se abrazan calurosamente a los porcentajes, no resultará en absoluto novedoso que se les señale que el verano es un entusiasmado y diligente destructor de parejas, un saboteador de la felicidad conyugal, un exterminador de los arrumacos amartelados. El cruel verano y sus horas muertas, y sus sesiones forzosas de convivencia, de larguísima y extenuante convivencia, y sus irremediables proyectos en común de ocio liberador. El verano plomizo, asfixiante, interminable, salpimentado de jornadas pegajosas, de agujas de reloj bañadas en grasiento sudor. La necesidad ansiada de una pausa, tanto tiempo pospuesta, el anhelo de un justificado descanso, se ven........
