¡Ah, era eso!
El local a espaldas del edificio de Correos que se alquiló y habilitó para una poner en marcha una versión virtual de la learning factory. / Áxel Álvarez
O sea, que la learning factory famosa era eso al final: una escuela municipal del calzado. Simple y llanamente. Ocho años dándole vueltas al neologismo, aprendiéndonos lo de las tecnologías habilitadoras disruptivas y la industria 4.0, para esto. Y de la sede en el antiguo edificio de Correos, res de res. Se va a otro inmueble que no hace falta derribar ni rehabilitar, solo poner mobiliario y profesores: la sede del centro tecnológico Inescop, en el polígono de Carrús. Mucha menor inversión y más celeridad en su puesta en marcha, dónde va a parar.
Lo anunció en su reciente visita el president Juanfran Pérez Llorca, y hay que darle el beneficio de la duda, porque de momento aún no ha incumplido ningún compromiso con Elche. Probablemente porque apenas lleva unos meses al frente de la Generalitat y no le ha dado tiempo. A su lado, el alcalde, Pablo Ruz, insistió en que ahora sí que va en serio el asunto y que este presi también es muy amigo suyo.
Bienvenida sea, después de tantos anuncios por parte de gobiernos municipales precedentes y actual, pero quizás no hubiera hecho falta intentar ser tan modernos. Igual habría sido mejor haber materializado la idea inicial cuando en 2018 el entonces president Ximo Puig y el alcalde Carlos González anunciaron un centro de diseño y moda del calzado. Que era ni más ni menos lo que pedía el principal sector industrial de la comarca.
Pero tal vez a alguien de los que mandaban (aquí o en València) le pareció que eso era como una FP más, con poco caché para el principal municipio industrial de la provincia y uno de los primeros de la Comunitat. Ya que se iban a invertir ocho millones en la compra de la antigua sede postal (con cargo a la deuda histórica de la Generalitat por la UMH, ¿se acuerdan?), había que abrir el proyecto a otras actividades y a las nuevas tecnologías punto cero y me llevo dos. Todo muy disruptivo. Y de ahí surgió lo del moderno modelo de learning factory (fábrica de aprendizaje).
Sin embargo, como tampoco el nombre daba muchas pistas y ni los promotores sabían muy bien de qué iba aquello, la Agencia Valenciana de la Innovación (AVI), líder del proyecto, contrató en 2022 a una empresa de Bilbao para que se lo dijera y aclararse de una vez (si ello era posible). Informe del que nada más se supo y que con el cambio de gobierno en la Generalitat pasó a acumular polvo en algún cajón, estantería o similar, o simplemente pasó directamente a la papelera de reciclaje.
Mientras tanto, se alquiló y habilitó un local a espaldas del edificio de Correos para una poner en marcha una versión virtual del ambicioso proyecto, espacio que sigue cerrado a día de hoy; aunque, eso sí, luce un hermoso cartel. Ahora este bajo se quiere incorporar a la futura escuela zapatera, y para evitar que todo esto suene a evidente borrón y cuenta nueva después de ocho años inoperativos y perdidos, anuncian que estará ligada al proyecto learning factory.
Toda esta peripecia viene a demostrar lo impredecible que son a veces las circunstancias político-administrativas y los anuncios de proyectos rimbombantes. Ya lo advirtió el polímata francés Henry Poincaré (1854-1912) en su famoso teorema de recurrencia: ciertos sistemas mecánicos, después de un tiempo de actividad suficientemente largo, pero finito, vuelven a un estado muy cercano, si no exactamente igual, al inicial. Quod erat demonstrandum.
La cuestión es que hablando de vueltas y más vueltas para volver al inicio, president y alcalde hablaron también al unísono y con amplias sonrisas de la instalación de la puntera empresa aeroespacial ilicitana PLD Space en una gran parcela de medio millón de metros cuadrados del futuro parque empresarial Porta d’Elx, junto al Camino de Castilla. Dijeron sin ruborizarse que esperan comenzar a mover tierra (no hablamos de terrones y pedruscos, sino de maquinaria pesada) en ese enclave de la partida de Vallongas el próximo año. Para ello, Pérez Llorca va a poner a funcionarios de la Generalitat a encargarse directamente del asunto.
No es por ser agoreros, pero como dato orientativo recordemos que el proyecto de ampliación del parque empresarial de Torrellano-Saladas (una zona absolutamente consolidada urbanísticamente) lleva ocho años en tramitación y aún no ha entrado una sola máquina. Y eso habiendo sido declarado por el Consell de Puig como una actuación urgente y preferente. Solo por contextualizar cómo va esto de las nuevas áreas industriales.
Bueno, démosle de nuevo al president el beneficio de la duda y confiemos en que no pase nada parecido a la ampliación de Tempe (la empresa ilicitana de calzado del grupo Inditex), que harta de esperar la susodicha ampliación en Torrellano ha acabado llevándose su nuevo centro logístico de 300.000 metros cuadrados a Sagunto. Esperemos y confiemos. Pero de nuevo cabe lamentar las vueltas y vueltas que ha dado el proyecto Porta d’Elx con diferentes administraciones locales y autonómicas para volver al punto de partida.
Han pasado más de 20 años desde que en el PGOU de 1998, durante el primer mandato del alcalde socialista Diego Maciá, se planteó la previsión de una nueva gran área industrial, de carácter más logístico, al norte del término, ante el favorable avance del parque de Torrellano. En la etapa del siguiente alcalde, Alejandro Soler(2007-11), se intentó iniciar el desarrollo de la zona, pero se topó con la oposición de la Generalitat y del PP local. Cambiaron las tornas políticas y la popular Mercedes Alonso descartó avanzar en los trámites, alegando los elevados costes (en una época, recordemos, de crisis económica, austeridad y recortes).
Llegó en 2015 otro cambio en el color político del gobierno local, de nuevo con un regidor socialista, Carlos González, y aunque se volvió a plantear el desarrollo del Porta d’Elx, lo que se priorizó fue la ampliación del parque empresarial como (supuesta) vía más rápida (je, je, ilusos) para atender, sobre todo, la imperiosa necesidad de espacio del gigante Tempe.
Otra vuelta a la noria y en 2023 regresa la derecha al poder, con el actual alcalde popular Pablo Ruz, quien en vista de lo despacio que iban las cosas del palacio de la Generalitat con la ampliación del parque empresarial, decide impulsar el otrora denostado Porta d’Elx. Apremiados en este caso por otra empresa de referencia, PLD, al no fraguar la propuesta inicial de instalar su gran nave en el entorno de IFA (otro bluf urbanístico de cuidado).
Y todo esto, ¿a qué nos lleva? Pues a que si en el asunto de la escuela del calzado se perdieron ocho años en vericuetos político-administrativos, indecisiones e inventos, en el Porta d’Elx llevamos ya más de veinte de retraso. Un lapso muy significativo en un asunto tan apremiante y a la vez tan farragoso como es el desarrollo de nuevas zonas industriales.
Esperamos ansiosos a ver qué acontece con esa tramitación ad hoc que pretende Pérez Llorca para el nuevo enclave y, sobre todo, cómo se las ingenia para obtener y/o sortear en tiempo récord la retahíla de informes, trámites, autorizaciones y memorandos de distintas administraciones de todos los niveles que ha necesitado la ampliación del parque empresarial (y quizás quede alguno todavía por resolver). Todo en un año, ojo. Quedamos expectantes a la espera del prodigio, que sin duda igualaría en parangón administrativo al de los panes y los peces. Eso sería sin duda merecedor de nombrar al president hijo adoptivo (además siendo abonado del Elche CF con más razón). Adelante.
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