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Salvar al manirroto Toni Pérez

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14.03.2026

Toni Pérez, tras la rueda de prensa sobre Fitur en Alicante. / Jose Navarro

Creo que debemos salir en defensa de los vecinos y vecinas de Benidorm.

Ninguna ciuda se merece morir hipotecada, ver lastrados sus servicios públicos ni poner en peligro un municipio que tiene una capacidad motora para el sector turístico de nuestra provincia y de nuestro país, vital para el conjunto de la economía. No tengo ninguna duda de que todo municipio debe ser solidario con la realidad del resto de ciudades y pueblos. Pero al mismo tiempo que hablamos de solidaridad y que entendemos las ayudas excepcionales a problemas extraordinarios de cualquier ciudad, no podemos olvidar la necesidad de preservar la igualdad de trato, la atención justa, la equidad en la gestión pública y la defensa de tratar a todos con igualdad, aunque no sea de igual manera. El anuncio del presidente del Consell, Pérez Llorca, sobre su apoyo al alcalde de Benidorm, Toni Pérez, para solventar la deuda judicial multimillonaria que tiene su ciudad tiene visos de no cumplir con estos valores inexcusables. Salvar al manirroto Toni Pérez tiene más de salvavidas político para su alcalde que de apoyo institucional a la ciudad. Porque hasta ahora, el Consell se ha señalado más por dar la espalda a los pueblos que por salvarles la cara. Hasta que llegó el manirroto Toni Pérez. Ahora parece que se despierta un Consell preocupado por la suerte de sus pueblos y ciudades. Una institucionalidad falsa e impostada que tiene más de electoral que de política, de compromiso de colega de partido, que de defensa de Benidorm.

Porque no puede ser institucional un gesto que se ofrece a Benidorm como municipio cuando la administración autonómica ha olvidado la vida de todos los ayuntamientos durante esa legislatura. No se entiende el apoyo excepcional, cuando por el camino ha olvidado los servicios ordinarios y comunes de nuestros pueblos y ciudades; cuando los proyectos de interés y de servicios públicos se retrasan; los programas no se abonan; y cuando las ayudas nominativas para acciones extraordinarias nunca llegan. Aunque ahora sí haya soluciones a la carta para la gestión del alcalde de Benidorm, cuando se nos ha negado para el resto de ciudades.

Cuando los demás municipios reclamamos la atención de las administraciones supramunicipales, se nos arroja a la cara la infrafinanciación. Está bien, eso ya lo sabemos. Pero si nos faltan euros, ¿por qué rechazamos los 3.600 millones que nos ofrece cada año el nuevo modelo del Gobierno central? La falta de recursos no puede ser una excusa cuando el nuevo sistema de financiación aporta para nuestra tierra más millones de euros adicionales a las arcas de la Generalitat. La falta de fondos no puede ser un burladero cuando la única política activa del Consell son las rebajas fiscales a los que más tienen para terminar justificando que no se puede ayudar a los que más lo necesitan.

La política municipalista está desaparecida desde que Mazón llegó al Consell y, especialmente, desde que Pérez Llorca heredó a su sillón. Porque el incumplimiento con las obligaciones de defensa del municipalismo tiene dos nombres concretos, y sus respectivas instituciones: la Generalitat de Pérez Llorca y la Diputación de Toni Pérez.

Una ironía de la vida sería que para salvar al soldado Pérez sacrificáramos recursos que se nos niegan al resto de municipios. Un sarcasmo sin gracia sería que los ayuntamientos pagáramos la hipoteca del Consell en su operación “Toni Pérez”; y una broma de mal gusto que utilizáramos a la Diputación cuando se ha limitado a la gestión de la miseria. Uno porque ni tiene ni quiere fondos para la defensa de lo público; otro, porque teniendo una institución provincial saneada y con liquidez ni sabe ni le entretiene usarlo en beneficio de la ciudadanía.

Habrá que defender a los vecinos y vecinas de Benidorm, pero no entendería jamás que premiáramos a Toni Pérez con fondos públicos para salvar su nefasta gestión local, mientras se castiga a quienes intentamos –y logramos– hacer bien las cosas. Solidaridad sí, justicia también, incluso los muchos municipios que nos sentimos solos o huérfanos como Villena.

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