Cuando la tierra tiembla, los pueblos se sostienen
Edificios y casas afectadas este martes, tras un terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país, en Pereira (Colombia). / Carlos Ortega / EFE
Mientras agosto transcurre entre días largos, viajes y reencuentros, una sacudida al otro lado del Atlántico nos recuerda que la tragedia no entiende de estaciones ni concede treguas.
Esta vez, la tierra volvió a temblar en Colombia.
El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente del país. Su epicentro se localizó en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, una de las regiones históricamente más olvidadas de Colombia. El movimiento se sintió en buena parte del territorio nacional y alcanzó también Panamá y Venezuela. Según el Servicio Geológico Colombiano, ha sido el sismo de mayor magnitud registrado en el país durante el siglo XXI.
Las cifras provisionales hablan de más de dos centenares de personas fallecidas, miles de heridos, edificios derrumbados y comunidades enteras pendientes de las labores de búsqueda y rescate. Pero ninguna tragedia cabe por completo en un balance. Detrás de cada número hay un nombre, una familia y una historia que, en apenas unos segundos, quedó dividida entre un antes y un después.
Colombia es un país de intensa actividad sísmica. La interacción de las placas tectónicas de Nazca, Sudamérica y el Caribe provoca alrededor de 2.500 sismos al mes, aunque la inmensa mayoría solo sea detectada por los instrumentos. La población está habituada a los temblores. Desde niños, sus habitantes aprendemos qué hacer cuando el suelo se mueve. Sin embargo, una cosa es conocer los protocolos y otra muy distinta aprender a........
