Un fuego colectivo
ESTUDIANTES, ALUMNOS DEL IES SANCHEZ CANTON A LA SALIDA DEL INSTITUTO / GUSTAVO SANTOS / VIGO
En "La escuela del alma" (2024), Josep Maria Esquirol habla de una escuela que "lleva al mundo una migaja de utopía": una altertopía educativa como lugar de resistencia frente a lo que domina a través de la práctica de la no indiferencia. Para el filósofo catalán la escuela debe conspirar e inspirar a través de una estrategia premeditada: "Acompañar al alumno hacia las cosas y, luego, con el tiempo, hacia la hondura. Es decir, primero, muy pacientemente, llevar al alumno hacia la proximidad de lo visible para, después, dirigirse un poco hacia lo invisible que hay detrás". Para ello, Esquirol nos insta a cultivar el umbral, ese "límite que marca la diferencia", similar al de "una iglesia o de un templo" en el que cuando uno entra cambia de actitud.
Siendo sincera, el instituto no parece para nada un templo. Respiro en el pasillo ante la clase de 3º ESO G, se escuchan gritos y sillas moverse. Hace días que no vengo por la huelga educativa. El profesor pide silencio mientras recoge sus cosas. Entreabro la puerta con cuidado. Hago contacto visual con mis alumnas de primera fila, Azahara e Inés, vivarachas y sonrientes como siempre. Ellas me dan la seguridad para entrar y yo les devuelvo en la mirada un pequeño fueguito, como el del cuento de Eduardo Galeano. Esto debe ser lo que llaman interdependencia. Cruzo el marco mientras pienso en ese umbral. El universo de la clase es una mezcla de olores, sonidos y energía, todos ellos vibrantes. Flotan también en el aire los anhelos y carencias de mis más de treinta alumnos. David se........
