El precio de la luz: un mercado diseñado contra el consumidor
Cada vez que llega el recibo de la electricidad, millones de ciudadanos tienen la misma sensación: algo no cuadra. Y no es una intuición equivocada. El sistema de fijación del precio de la luz en España —y en buena parte de Europa— responde a un diseño que, bajo la apariencia de neutralidad técnica, genera efectos profundamente regresivos y socialmente difíciles de justificar.
El mecanismo es conocido como sistema marginalista. En el mercado mayorista, las distintas tecnologías de generación presentan ofertas para producir electricidad en cada hora del día. Estas ofertas se ordenan de menor a mayor coste hasta cubrir la demanda prevista. El precio final que se paga por toda la electricidad es el de la última tecnología necesaria para satisfacer esa demanda: la tecnología marginal.
La consecuencia es tan simple como inquietante. Centrales que producen electricidad a costes muy bajos —hidráulicas amortizadas, nucleares construidas hace décadas o parques renovables con costes variables cercanos a cero— pueden cobrar el mismo precio que fija una central de gas en momentos de tensión energética. Así, aunque el gas represente una parte limitada del mix eléctrico, puede determinar el precio de toda la electricidad.
Este sistema no es fruto del azar ni de una evolución natural del mercado. Tiene una fecha y un contexto político muy concretos. En España, la liberalización del mercado energético se impulsó en 1997........
