El calor ya no espera: refugios climáticos, una urgencia en Alicante
Los comerciantes del centro presionan a Barcala con las sombras en la avenida de la Constitución de Alicante / Rafa Arjones / Rafa Arjones
Las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en una realidad recurrente. Cada verano se baten nuevos récords de temperatura, se prolongan durante más días y tienen consecuencias cada vez más graves sobre la salud, el medio ambiente y nuestra economía. El cambio climático ya no es un escenario futuro del que alertan los científicos, es una realidad que condiciona la vida cotidiana de millones de personas.
Las consecuencias son tan silenciosas como devastadoras. Aumentan las hospitalizaciones por golpes de calor y deshidratación, se agravan las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, se incrementa el riesgo para las personas mayores y quienes padecen patologías crónicas, aumenta el peligro de incendios y se resienten sectores fundamentales para nuestra economía, como la agricultura y el turismo. Pero, sobre todo, detrás de cada ola de calor hay personas.
Hay mayores que viven solos y soportan temperaturas insoportables en viviendas sin una adecuada climatización. Hay personas enfermas cuyo estado de salud empeora cuando el calor no da tregua ni siquiera durante la noche. Hay niños y niñas que dejan de jugar porque los parques carecen de sombra suficiente. Hay trabajadores que desarrollan su jornada bajo temperaturas extremas.
La presente alerta roja por temperaturas extremas en la provincia de Alicante debería hacernos reflexionar. Durante estos episodios se recomienda evitar salir de casa y permanecer en lugares frescos. Pero esa recomendación deja al descubierto una realidad incómoda: no todo el mundo dispone de un lugar donde protegerse.
¿Dónde se refugia una persona mayor que vive sola? ¿Dónde puede protegerse quien vive en un barrio con escasez de........
