Líbano, una crisis que nunca ha dejado de ser tal
Fuera de los refugios, unos ancianos están sentados en sillas improvisadas. Sujetan con fuerza contra las piernas unas bolsas de plástico con las pocas pertenencias que han podido llevarse. A su alrededor, corren los niños. Nadie llora; se respira una sensación de inmovilidad en el aire.
Y un sonido constante: el de los drones. Un zumbido perpetuo en la cabeza, que se te clava en el cerebro. Te recuerdan que podrías estar en peligro, o quizá no. No saber qué esperar es lo más difícil.
Ser un trabajador humanitario en Líbano hoy significa moverse en medio de una crisis que nunca ha dejado de serlo: la guerra de 2006, los refugiados sirios, la explosión en el puerto de Beirut, luego el colapso económico, y de nuevo la guerra.
Muchas de las personas desplazadas a causa de los últimos bombardeos no lo son por primera vez, sino por segunda o tercera. Llega un momento en que el cuerpo deja de reaccionar, porque ya ha sentido demasiado. Pocos están traumatizados en el sentido canónico del término: cuando hablas con ellos, dicen que sólo están cansados, un agotamiento debido a haber consumido todos sus recursos sin haber tenido tiempo de recuperarse de verdad.
Se llama alexitemia situacional, un........
