Es el petróleo (y es Israel)
01 de abril 2026 - 03:07
Hay personajes que se saben “malos” y, lejos de disimularlo, se crecen en su papel porque se sienten ungidos por la Historia. Un pasado ineludible y un destino ya trazado guían sus acciones. Su vanidad, su egolatría, les puede.
Pero incluso los malos de manual tienen amistades peligrosas. Todos hablamos de Donald Trump y de EEUU porque son los ruidosos y porque, como los matones de clase, se permiten pisotear derechos y normas internacionales haciendo valer su superioridad. Sin embargo, siempre hay un malo menos histriónico y más eficaz en la sombra. De los bombardeos sobre Irán, de la guerra en Oriente Próximo, a mí quien de verdad me aterra es Netanyahu y es Israel.
En este tablero de juego de tronos que mezcla Monopoly y ruleta geopolítica, el presidente norteamericano se dedica a acumular fichas: ayer fue la Venezuela de Maduro, luego coqueteó con Groenlandia, ahora mide fuerzas en el estrecho de Ormuz y, mientras, vigila su patio trasero preguntándose si en Cuba queda luz o solo rescoldos.
No todas las jugadas están en su mano. Tengo la enorme suerte de tener un amigo blackwater –quienes operan donde los Estados no quieren o no pueden aparecer– que de vez en cuando me ayuda a abrir los ojos. Este fin de semana lo hizo con Irán: puede que Estados Unidos se canse y se vaya, pero Israel no parará. Dos noticias terribles le están dando la razón: la aprobación de la pena de muerte para palestinos –un paso más hacia el apartheid– y el anuncio de aplicar el “modelo de Gaza” al sur de Líbano, demoler todas las viviendas de las zonas fronterizas y prohibir el regreso de miles de desplazados. Ya no es solo atacar; es arrasar y vaciar.
Justo cuando hace un mes comenzaron los bombardeos, mi amigo estaba “extrayendo” a familias israelíes desde Jordania. Nunca sabemos muy bien qué hace (cuenta poco y entendemos lo justo) pero maneja una información sobre el terreno que ya la querrían muchos gobiernos. Y su diagnóstico es siempre el mismo: esto no va de ciclos, va de continuidad. Por eso, aunque todas las miradas estén sobre Washington, la mano que mece la guerra está en Tel Aviv. El pueblo elegido; de víctimas a verdugos.
Cuesta escribirlo en Semana Santa con otra historia bien distinta en nuestras calles. Pero es inevitable si asumimos que “es el petróleo” pero también “el destino”. ¿Cómo se detiene a quien cree estar cumpliendo una misión bíblica?
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