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El fusil de Silvio Rodríguez

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20.03.2026

20 de marzo 2026 - 05:30

VAYA tío Silvio Rodríguez. ¡Qué huevos! Uno pensaba que con la nueva masculinidad ya no quedaban hombres así. Debe ser que el marxismo-leninismo los conserva en escabeche. El cantautor, ya lo saben, ha exigido su fusil AKM (el cetme rojo) para defender Cuba si a los gringos les da por atacar. Se comprende. Tiene mucho que proteger. Toda una vida de privilegios en un país humillado y depauperado por la bota castrista no se puede entregar así como así. Más vale morir en el parapeto de avanzada que perder los mimos oficiales y verse obligado a vivaquear en la cola del racionamiento y sufrir la escasez extrema, como un cubano más.

Lo de Silvio Rodríguez –79 años– haciendo frente a las hordas de Trump recuerda a ese vídeo en el que el chavismo exhibía unas valkirias rubenianas, acorazadas con mallas y camisetas de licra, haciendo instrucción militar. Un arma psicológica para amedrentar marines, imagino. Todo acabó como se sabe: con la amiga de Zapatero, Delcy Rodríguez, de presidenta títere y controlando el cotarro para dejar bien a resguardo los intereses petroleros de EEUU. La democracia puede esperar. No duden que cuando el régimen castrista caiga, sea por el método que sea, a muchos de los que ahora levantan su fusil y corean proclamas revolucionarias los veremos como “demócratas de toda la vida”. El político latinoamericano (que es lo mismo que decir universal) es ducho en este tipo de maniobras, como bien retrató Mario Vargas Llosa en esa resurrección literaria que fue La fiesta del Chivo. Cómo se echa de menos la lucidez del señor marqués en estos tiempos. Lo que daríamos muchos por una Piedra de toque analizando la actual situación de Cuba.

Cada vez que veo a los castristas de ambos lados del charco defendiendo la dictadura cubana recuerdo a Carlos Franqui, uno de esos revolucionarios devorados por la revolución que la historia no para de generar. Almorcé con Franqui en Sevilla, en medio de una ola de calor que él, como buen caribeño, aguantó con estoicismo. Lucía viejo como una iguana, pero comía y bebía con hambre y sed atrasada. No respondía al estereotipo del cubano. Era más bien malajón y estaba ligeramente amargado. Le habían robado todo: su patria, sus ideales, su hogar, la verdad... Franqui pertenecía a eso que el castrismo llama “la gusanera”, es decir, la disidencia. Toda una vida en el punto de mira de los AKM de Silvio Rodríguez y sus compañeros del Playa Girón.

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