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La migración y la batalla cultural

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06.04.2026

Vivimos en una etapa de transición. Ese proceso es palpable en el escenario político cruceño: por un lado, queda el lastre de la vieja lógica de alianzas estratégicas heredadas del alto peruanismo que más buscaba mantenerse en el poder que servir a la gente, y por otro, la creciente demanda de liderazgos que sean auténticos y tengan una conexión genuina con la realidad local. La "herencia alto peruana” tiene un enfoque en los acuerdos entre representantes políticos, la sucesión por linaje y la de priorizar los intereses de grupo sobre los del pueblo— realmente no encaja con la identidad cruceña, que siempre ha valorado la iniciativa propia y el desarrollo basado en los recursos para responder a las necesidades de la región. Con el tiempo, esta forma de hacer política terminó alejando a los ciudadanos cruceños de sus referentes políticos.  Santa Cruz cambió, ha perdido en gran medida esa “mística”, que tenía como rasgo o distinción, debido a la migración física y cultural de los ciudadanos del occidente del país. Es una característica que mucha gente que vivió la Santa Cruz de antaño extraña con mucha nostalgia. Es exactamente el choque entre dos formas: el de “Ser” con el “Asumir” Territorio que deben compartir donde se instalan, compartiendo sus necesidades y su visión de futuro; de modo que, conceptualmente queda establecido que, el “ser” y el “asumir”, son procesos mentales y existenciales opuestos en su naturaleza y origen. Esa mística a la que me refiero era el alma de la ciudad cruceña: la calidez, el espacio, la tranquilidad, el sano orgullo, la peculiar forma de hablar, el respeto por la cosa ajena y el sentido de comunidad. Si bien, antes, la ciudad........

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