ARQUEOLOGÍA EXTREMEÑA
ARQUEOLOGÍA EXTREMEÑA
Se dice que El ideal de la Humanidad fue la “obra de cabecera” entre los intelectuales españoles durante el tercio último del XIX, tanta difusión obtuvo entre nosotros el ensayo de Ch. F. Krause (1781-1832). Lo tradujo (más bien, lo adaptó al castellano) Julián Sanz del Río, a quien se le debe la difusión inicial por nuestros lares del “racionalismo armónico”, según se conoce el pensamiento de aquel filósofo alemán. Clave del éxito la tuvo el reconocido krausista F. Giner de los Rios (1839-1915) a través de sus propios textos y de la inconmensurable labor pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza, que el maestro andaluz fundase (Madrid, 1876). Según recoge el célebre Boletín de la ILE, hasta una veintena de extremeños figuran con nombre y apellido entre los cien primeros accionistas que aportaron su óbolo a la creación de dicha entidad.
Tomás Romero de Castilla (Olivenza, 1833-Badajoz, 1910) asumió defender y difundir las tesis krausistas desde su cátedra de Lógica, Ética y Psicología en el Instituto provincial, más las permanentes colaboraciones para los periódicos regionales, sobre todos el Diario de Badajoz, que dirigía su colega y buen amigo el historiador Anselmo Arenas, figura relevante de la logia pacense “Pax Augusta”. D. Tomás, que impregnó sus manuales docentes con la nueva filosofía, publicó también dos volúmenes, objetos de extraordinarias polémicas, defendiendo en uno que se podía ser partidario de Santo Tomás y de Krause y, más aún, la posibilidad de pertenecer a la masonería sin dejar de sostener la fe católica.
A dicho pensador le dediqué mi tesis doctoral, Tomás Romero de Castilla: el krausismo en Badajoz (Cáceres, UEX, 1987), que tuvo a bien dirigirme y prologarme José Luis Abellán, catedrático de la Complutense.
A Pablo Ortiz le debemos este magnífico estudio sobre otra faceta del pensador krausista: sus infatigables, lúcidas y generosas labores en pro de la arqueología en la Baja Extremadura. Las desarrolló nuestro krausista-católico a largo de medio siglo a través de dos instituciones con las que se mantuvo estrechamente vinculado, esforzándose para que mantenerlas en una línea rigurosa, al margen de los vaivenes políticos: la Comisión de Monumentos de Badajoz y el Museo Arqueológico Provincial, que el catedrático oliventino tuvo el acierto de fundar y dirigir largas décadas.
En esta área, fue la suya época de tránsito, dese el amateurismo a la constitución de la Arqueología como saber científico. Florecieron durante el XIX los aficionados con más o menos luces, coleccionistas, traficantes y multitud de falsificadores. La desamortización a........
