Asesinos de la democracia
“La democracia no es para nosotros, olvídenla”, declaró el jueves, sin sonrojarse, Ibrahim Traoré, capitán del ejército de Burkina Faso, mandatario ‘de facto’ de ese malhadado y empobrecido país del oeste de África, y cuyo régimen se proclama anticolonialista y revolucionario. Es de la misma estirpe de Vladimir Putin, Daniel Ortega, Fidel y Raúl Castro, los ayatolas de Irán y muchos otros sátrapas, pero al capitán Traoré se le abona la franqueza.
Porque a otros autoritarios se les llena la boca hablando de democracia. Es el caso del presidente Gustavo Petro y de su aspirante a sucesor, Iván Cepeda, cuyo programa de gobierno revisé, penosamente, esta semana. Y le digo programa si es que a esa retahíla deshilvanada de discursos pronunciados por él y publicados como antología oratoria se le puede llamar así. Porque al candidato de la izquierda le dio pereza –una condición que comparte con Petro– escribir un programa en forma. En sus discursos, a veces habla de democracia y de respeto a la Constitución del 91.
Pero si un mínimo de sinceridad tuviesen sus palabras, Cepeda criticaría las derivas autoritarias de Petro: su desprecio por las altas cortes, que, en democracia, le han puesto el tatequieto a tanto desvarío autoritario; su inclinación –típica de dictador– a gobernar vía estados de excepción, o a acudir a plebiscitos y caricaturas de constituyente; su furiosa diatriba contra la independencia de la junta directiva del Banco de la República, hija de la democracia y de la Constitución del 91. A Petro le incomodan la carta del 91 y las leyes, le jarta la democracia, pero, a diferencia del chafarote de Burkina Faso, no lo acepta.
Cepeda calla, que es lo que mejor sabe hacer. Calla cuando omite criticar la corrupción sin par del régimen petrista, a pesar de cacarear, en los discursos de su programa, que luchará contra “la gran corrupción”, sin señalar nunca al capo de capos de esta. ¿Es posible creerle si jamás ha dicho palabra sobre el vulgar enriquecimiento de Nicolás Petro? ¿Es posible creerle si jamás ha abierto la boca para referirse al saqueo de la UNGRD? ¿Es posible creerle si ha sido cómplice silencioso del robo descarado –vía contratos y nóminas paralelas– que este gobierno ha llevado a niveles de récord Guinness? Un saqueo que –es fácil sospecharlo– tanquea su campaña.
¿Se puede creer en la lealtad democrática de Cepeda, cuando aún hoy sigue defendiendo al criminal régimen cubano y cuando por años defendió a su amigo, el narcodictador Nicolás Maduro? ¿Se puede creer en su sinceridad democrática –de la que tanto perora en sus discursos– si sigue convencido de haber hecho lo correcto al defender al narcotraficante alias Santrich, y acompañarlo a salir de prisión en 2019?
Cepeda calla cuando omite criticar la corrupción sin par del régimen petrista, a pesar de cacarear, en los discursos de su programa, que luchará contra ‘la gran corrupción’, sin señalar nunca al capo de capos de esta
Que no se engañe tanto biempensante ingenuo que anda por ahí y que dice que votará por Cepeda porque es un demócrata y, en consecuencia, nada hay que temer de él. Esos idiotas útiles deben saber que Cepeda es un convencido marxista-leninista y que, como tal, no cree en la democracia aunque se disfrace de demócrata. Conozco colegas de este oficio periodístico que le creen, y me dicen por ahí que una connotada abogada de los grandes grupos económicos está lista a votar por él.
Bueno es recordarles a periodistas y abogados que las primeras víctimas del marxismo-leninismo y de la dictadura del proletariado son la libertad de prensa y el Estado de derecho. Otros candorosos dicen que Cepeda es tan demócrata que incorporó a su campaña al samperista y santista Juan Fernando Cristo, como gran refuerzo centrista. Cristo no es refuerzo de nada: carece de seguidores y de votos. Y en ese apoyo lo que hay es una triste traición a su padre, Jorge Cristo Sahium, vilmente asesinado en Cúcuta en 1997, por el Eln, otro grupo de amigotes de Cepeda. Qué indignidad para él que se haya unido al club de asesinos de la democracia./Tomado de El Tiempo.
*Exministro de Estado
