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Así no

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07.04.2026

07 de abril 2026 - 03:07

La Semana Santa constituye un evento religioso de primer nivel y, a su vez, forma parte de nuestro Patrimonio cultural y humano, por ello en muchas ciudades españolas ha sido declarada de Interés Turístico Nacional, Internacional, BIC o Patrimonio de la Humanidad.

Pero lo que no se puede tolerar es que en las procesiones de Sevilla, Málaga y Córdoba y en algunos lugares de su recorrido por Granada, se hayan instalado vallas opacas de gran altura para que quien no pagase no pudiera verlas.

Esta actuación, absolutamente inadmisible desde el punto de vista del libre derecho de todos los ciudadanos a la contemplación de lo que ocurre en la vía pública –más en un evento tan importante como la Semana Santa–, es también contraria al Derecho, porque se privatizan no sólo las procesiones, sino también la vía pública, que, como su nombre indica, es pública y todos los ciudadanos la pagamos con nuestros impuestos. Por ello, unas asociaciones privadas no pueden apropiársela para hacer negocio. Ni siquiera las autorizaciones de uso del dominio público más intensas pueden consistir en semejante expropiación del libre derecho de todos los ciudadanos a deambular y a contemplar lo que ocurre en la calle, y el pagar para poder ver las procesiones –o las tienes que ver por televisión– es ilegal e inmoral.

Los ciudadanos, que apreciamos las procesiones y su gran valor, máxime los católicos, empezamos ya a hartarnos de que tomen nuestras ciudades durante 7 días colapsándolo todo, de que no paguen nada por la feroz ocupación de la vía pública con vallas y tribunas y de que encima no podamos contemplar las imágenes que procesionan, es una aberración, que, de seguir, hará explotar esa gallina de los huevos de oro para unos cuantos y tendrán que reconducirse a una utilización más racional del dominio público, porque lo sucedido es un abuso inadmisible y ese no es el camino para consolidar la época dorada que vive la Semana Santa, porque desprestigia una celebración católica que se supone inclusiva y generosa, y alimenta los argumentos de los detractores, más allá de la ilegalidad del uso de la vía pública en esos términos, negando la visión al pueblo. Si la Iglesia/cofradías dan la espalda al pueblo, que no se quejen luego de que el pueblo se la dé a ellos.

Así no. Nuestro ayuntamiento no puede permitir ni un año más esta indignante situación. La ciudad es de todos.

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