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Un Dios antiguo

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15 de abril 2026 - 03:08

El lunes apareció en las redes el señor Trump con túnica y toga, nimbado por una cohorte de ángeles marciales, imponiendo su mano sobre un convaleciente, como nuevo San Luis, mientras se postran a ambos lados, en expresión de gratitud, mujeres y hombres, tanto militares como civiles, así como un señor con gorra, con vago parecido a José Andrés, el conocido antagonista del señor Trump. Al fondo, la bandera de su país y la vieja estatua de la Libertad, regalo de la República Francesa. En su mano izquierda, una luz salvadora resplandece, a juego con su cabellera rubia. Miki & Duarte representaban ayer, en divertida viñeta, al papa León XIV exorcisando a un diablo con tupé: “¡Trump, sal de ese demonio!”. No obstante, y a pesar de su identificación con Cristo, el señor Trump parece remitir a Los reyes taumaturgos de Marc Bloch y a los poderes sobrenaturales que se atribuyó a la realeza.

Hay otro hecho que nos remite al medievo, como es la representación de los fieles a menor tamaño que la divinidad. Esta mengua simbólica –un descomunal Trump, con cierto aire de coloso romano– es indicio de su asimilación al cuerpo y la estatura de los dioses. Lo distintivo de la modernidad, sin embargo, es la humanización de la figura de Cristo, hasta llegar a la dramática incredulidad de Santo Tomás pintada por Caravaggio. Fue esta aproximación sentimental y física a los fieles el modo en el que Trento quiso combatir la iconoclastia protestante. No deja de ser irónico, a este respecto, que para contestar a León XIV, el presidente Trump haya escogido, precisamente, la imaginería católica; vale decir, el idioma de los papas. Fue otro León, León X, el papa Médici, quien nombró a Rafael Sanzio conservador de las ruinas de Roma. Mientras que Julio II, el belicoso Della Rovere, era el encendido valedor de Miguel Ángel.

En fin, el papa León XIV, hijo prominente de Illinois, no ha hecho sino aquello que se espera de su cargo: reclamar la paz en nombre del amor al prójimo. En respuesta, el señor Trump se ha querido figurar como un Cristo imberbe y arrubiado, que sana las heridas del mundo (mejor que el papa, es de suponer). En tal sentido, no es probable que su identificación con la divinidad, convertido en coloso providente, le resulte útil entre el electorado católico. A pesar de lo cual, su respuesta implica, plásticamente, una aceptación del orden y la voz de Roma.

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