Lugares que aún no existen
18 de julio 2026 - 03:07
Volviendo del funeral de su amigo Mijáil Bulgákov, un día de 1940, en Moscú, Anna Ajmátova miró la foto de Bulgákov que guardaba en el escritorio y enseguida escribió un poema sobre la extraña presencia que nos dejan los muertos. “Cuando una persona muere/ cambian también sus retratos./ Sus ojos nos miran de otra forma,/ y sus labios sonríen con otra sonrisa”. La sonrisa de Bulgákov estaba allí, en la foto, pero el amigo real ya no estaba, y ahora ya no podía sonreír, o quizá sonreía de otra manera dentro del ataúd mientras sus familiares y amigos celebraban el servicio religioso. Y sí, qué extraña es la presencia de los muertos.........
