Nos han robado las calles y las plazasEL otro día hablé en el Festival Letrahistórica de Granada de cuando fuimos niños aquella generación que jugaba en la calle. La generación de los que nacimos en las décadas de los cincuenta y sesenta. Dije, más o menos, que aquellos niños fuimos unos privilegiados porque éramos los dueños de las calles y de las plazas. Las calles eran nuestras. En ellas los niños nos sentíamos libres, más que en nuestras propias casas. En la calle jugábamos al fútbol, al borrucho o a la lima. En la calle nos comíamos las merendicas a base de moñas de pan con aceite y en las calles nos contábamos cómo nos iba la vida y nos intercambiábamos cromos. Pero todo eso ha cambiado mucho. Primero fueron los coches que llegaron a invadir por completo nuestro salón de juego. Y ahora ese urbanismo despiadado que concibe a los espacios públicos sin público, como meros decorados de cartón piedra. Y todo ello se manifiesta sobre todo en los centros de las ciudades, que parecen decorados solo para el consumo y el turisteo. Decía hace unos días en un periódico Manuel Delgado, catedrático de Antropología, que los alcaldes de ahora, que se las dan de modernos, conciben las ciudades como productos en venta. Decía que “cuando los políticos hablan de crear espacios urbanos de calidad, debes pensar si tú eres de suficiente calidad para ese espacio. Porque a lo mejor tú sobras”.
23 de septiembre 2026 - 03:07
Y es verdad. Las calles y las plazas han dejado de ser lugares de sociabilidad. Ahora son sitios por donde pasan muchos coches y hay muchos escaparates. Hoy, si se peatonaliza una calle, lo que hacen es convertirla en un centro comercial al aire libre. Un ejemplo aquí en Granada lo tenemos en la calle San Antón. Y si se remodela una plaza lo más probable es que antes hayan echado a los vecinos que allí vivían. Ha pasado con la plaza Bibrrambla, que se ha llenado de bares y restaurantes para turistas y se ha expulsado la esencia de un sitio que llegó a ser el corazón palpitante de Granada. Las plazas céntricas de Granada (y de muchas ciudades) han sufrido una gran reconversión. Donde antes había niños llenos de vida jugando a las canicas o a la comba, hoy hay terrazas de bares donde tienes que consumir si quieres disfrutar del aire libre. Alguien te dirá........
