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“Se reservan trozos de barra”

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15 de abril 2026 - 03:08

Se están poniendo de moda –Dios nos libre de las modas, que dijo aquel– reservar trozos de barra en las tabernas. Que tú vas, por ejemplo, a un bar con un amigo, te apoyas en el mostrador, pides dos vermús y el camarero te puede decir: “Lo siento, pero ese trozo de barra está reservado”. Y a ti se te queda una cara de gilipollas como la de aquel marido blanco al que le dijeron que su esposa blanca había parido un niño negro.

Hay muchos hosteleros empeñados en quitar las barras de los bares. Entre aquellos los que no quieren que alguien pique algo si no ocupa una mesa y los que reservan las barras, dentro de poco no habrá sitio donde puedas ir tranquilamente a acodarte en un mostrador tabernario.

En la barra de los bares se han hecho tratos, se han firmado convenios y se han escrito poemas. “Si me pierdo, buscarme en la repisa de una taberna”, que decía el inconsolable poeta Javier Egea. En estos espacios se han cantado por bulerías, se han contado gestas futbolísticas y toreras y se han recitado poemas. El otro día en la barra del Chikito oí a Rafael El Peroles recitar las letras de las canciones de José Larralde y Rafael León. En la barra de los bares, mi padre, que trabajaba en Santa Lucía, escribía los nombres de los asegurados a los que hacía la póliza de decesos. En El libro del desasosiego de Fernando Pessoa se dice que en los mostradores de las tabernas “hay algo de refugio metafísico”. En la barra de los bares los clientes se confiesan con el colega o la colega de turno con un vaso de vino en la mano y el aliento de derrota. Las barras de los bares sirven para hacer literatura. En libros como Love Is a Dog from Hell o Factotum, la barra es casi un altar cotidiano. Y Pepe Carvalho, el detective de Manuel Vázquez Montalbán, citaba a sus clientes o a sus sospechosos en la barra de un bar. Allí los entrevistaba y sacaba sus conclusiones. El famoso y trasnochado periodista Torcuato Quijano dice que el mostrador de un bar es el cordón umbilical por el que entra la vida, el soporte más útil de la existencia. En Pamplona hay bares que han hecho estatuas de Hemingway apoyado en la barra. El escritor norteamericano decía que no había mejor postura que la de uno codo encima de la repisa de un bar. Pues que llene.

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