El vermouth siempre estuvo ahí. Faltaba el peruano.
Mi tío Óscar hacía Manhattans. Whisky, vermouth rojo, angostura, cereza. Me los servía a mí y a mi prima desde que éramos lo suficientemente documentadas para sostener una copa, y durante años el vermouth fue para mí exactamente eso: la mitad de un cóctel que alguien más preparaba.
La curiosidad llegó sola, con los viajes. En España el vermouth se toma solo, con hielo, a mediodía, acompañado de algo salado y sin mayor ceremonia. En Italia es el punto de partida de media coctelería clásica. En Argentina le dicen vermucito y lo sirven antes del almuerzo del domingo como quien anuncia que la tarde no tiene prisa. Fui entendiendo que detrás del ingrediente había una bebida con lógica propia, con geografía, con rituales distintos según dónde uno esté. Lo que no encontraba era uno peruano que estuviera a la altura de esa conversación. Fui a Chilca a ver si Avelino lo era.
Por qué se llama como se llama
Andrés Avelino Cáceres es el Brujo de los Andes. Mariscal, tres veces presidente, el militar que durante la Guerra del Pacífico usó la cordillera como escudo y convirtió lo que parecía una........
