Apretando el puño para imaginar
CUANDO tenía cinco años y no quería ir al colegio mi madre me regaló una castaña mágica. Bastaba con ponerla en el bolsillo de mi chaqueta todas las mañanas y apretarla fuerte cuando tuviese ganas de llorar para que estas se esfumasen. Esa castaña me acompañó durante un tiempo hasta que ya no la necesité más. Hace mucho que dejé atrás mi creencia en sus poderes, pero todavía intento no pisar la parte de carretera que no son las rayas blancas en un paso de cebra o juego a no rozar las juntas de las baldosas. Si pierdo sé que eso podría condicionar mi día o, al menos, que sería un mal presagio. Tomando un café con un amigo, me confesó que él de pequeño también tenía una castaña mágica que apretaba cuando tenía ganas de llorar, y ahora no paro de ver a gente que intenta pisar solamente las rayas blancas al cruzar la calle. Siempre he vivido en mi imaginación, pero parece ser que el resto de las personas que encuentro al levantar la vista y salir de mi mundo interior también lo hacen casi a diario.
Reconozco que las primeras páginas de 'Han cantado bingo' me resultaron poco interesantes. Se inicia la obra con las instrucciones de un juego al que la protagonista y su hermana jugaban de pequeñas: el ahorcado. Este juego se inicia en la ficción, pero a los lectores se les plantea otro: "Para este libro solo hay que tener algo en cuenta: cada número que acompaña el título de un capítulo indica la edad de la voz protagonista". Lo lúdico, por tanto, se........
