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Una desconexión incomprensible

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21.04.2026

Fondo Norte canta el himno en el minuto 41, como cada semana, frente al Barakaldo. / Gustavo Santos

La temporada del Pontevedra es un éxito independientemente del resultado final de la misma. Un equipo recién ascendido que lleva gran parte del curso en puestos de playoff y que aseguró la salvación virtual con ocho jornadas de antelación. Lo normal en el mundo del fútbol sería que esa efervescencia por el regreso a Primera Federación y el genial desempeño se viese reflejado en una ciudad volcada hasta las entrañas con el club, y de forma inexplicable, no es así.

Me parece incomprensible que el segundo municipio de la provincia con más habitantes tenga una implicación muy extraña con la cabeza visible del deporte del lugar. La entrada a Pasarón ha sufrido bastantes cambios de tendencia durante todo lo que va de temporada, como es habitual en todos los clubes deportivos. La alarma salta a la hora de que, a excepción del derbi frente al Racing de Ferrol, donde las calles de A Boa Vila respiraban granatismo y el estadio contó con más de 7.300 aficionados locales, la mayoría de vecinos de Pontevedra no piensan en el Pontevedra en su día a día. Ese el problema.

Los adeptos incondicionales, desde los más veteranos que vieron a Cholo y compañía hacer historia en Primera División hasta los más jóvenes que le acompañaron en los campos de barro, se mantienen en cifras altas y estables desde hace décadas; la sorpresa llega con el siguiente escalón de los seguidores: los aficionados.

El aficionado, grupo más numeroso en todo campo de fútbol, no vive por y para el Pontevedra, como sí lo hacen los adeptos antes mencionados, pero respondían a la llamada de la entidad cuando tocaba, al menos, hasta esta campaña.

Desde la directiva llevan varias semanas con promociones de todo tipo para engancharlos, la plantilla les agradece dentro y fuera del campo su presencia y el entrenador les invoca en cada rueda de prensa para elevar el calor en la caldera a la vera del Lérez sin éxito. La multitud sigue sin aparecer.

Argumentos para ir los sábados al campo existen todos los que se quieran, y, siendo realistas, todavía hay tiempo para revertir esta situación, pero para que suceda, el paso lo tienen que dar ellos, los aficionados. Como se vio en temporadas anteriores, el estadio puede llenarse o rozar el aforo, y el equipo va a requerir de esa dosis extra de aliento para optar a volver al fútbol profesional veintidós años después.

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