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A Varsovia en Berlingo

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26.03.2026

La explanada de Bouzas, esta semana, a rebosar de Berlingos. / Alba Villar

Las cifras, sin contexto, se pierden. No las valoramos en su justa medida. Pasa siempre. Con el PIB, el precio de la vivienda, el presupuesto de la Xunta, el paro, los caídos en las guerras… Números mareantes, nada más. Ocurre lo mismo cuando hablamos de la producción de la fábrica de coches de Vigo. El año pasado batió su récord histórico: 559.427. Muchos, vale. Más de medio millón, caray. Pero, ¿y si les dijera que, si los pusiéramos en línea recta, llegarían desde las puertas de Balaídos hasta Varsovia? ¿Ven? Contexto.

No me lo invento. Solo he multiplicado la longitud estándar de sus modelos estrella, las furgonetas (4,4 metros), por 559.427. Salen 2.461.478 metros, o 2.461 kilómetros. El resto es tirar una línea recta imaginaria (por carretera sería otra historia) hacia cualquiera de los puntos cardinales. Elegí Varsovia (Polonia), pero podrían haber sido Nouadhibou, en Mauritania, o Corfú, en Grecia. Para el caso, son lo mismo: una barbaridad. Le lleva a uno a preguntarse dónde se meten tantos coches. Los 17 millones que ha ensamblado Balaídos desde que arrancó su primera línea.

No hice las cuentas porque desde 1958 hasta ahora el tamaño de los modelos made in Vigo ha variado mucho, pero si esos 17 millones fuesen todos Citroën Berlingo (al final acabé haciéndolas… las cuentas), puestos en hilera sumarían 75.000 kilómetros, casi dos veces la circunferencia de la Tierra. De nuevo, contexto.

Con todo esto lo que pretendo es poner en valor que la terminal de Bouzas, que bebe principalmente de Stellantis, haya devuelto este año al puerto su trono como el mayor hub automovilístico de España, superando a Barcelona, como bien ha publicado Pablo Galán, que además lo tengo aquí al lado mientras escribo. Y ojo, con la que está cayendo, con el grueso de los puertos en negativo. Desde luego, una exhibición de fortaleza que espero que la guerra en Oriente Medio no acabe consumiendo. Veremos los datos al cierre del trimestre.

¿Es mérito del Puerto? Pues no, y a la vez, sí. Los muelles vigueses son el mejor indicador de la robustez de las empresas de su área de influencia —o hinterland, en jerga de los técnicos de Praza da Estrela—, como también es cierto que, si el puerto no operase con eficiencia, el resultado sería muy distinto. Forman una simbiosis que, bien engrasada, es sinónimo de éxito, como se ha visto con esos 17 millones de coches en casi setenta años.

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Quizá por eso conviene no perder nunca la perspectiva. Detrás de cada cifra hay miles de decisiones, turnos de trabajo, piezas que llegan a tiempo y barcos que zarpan cuando toca. Hay, en definitiva, una cadena invisible que solo se aprecia cuando uno se detiene a mirar más allá del número redondo. Y también una advertencia: si todo eso puede estirarse hasta Varsovia o casi dar dos vueltas al mundo, también puede encogerse si fallan las costuras. El contexto no solo engrandece; también pone en guardia.

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