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¿A quién beneficia la eutanasia?

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05.04.2026

Una paciente a la espera de una eutanasia.

Contaban nuestras abuelas, en la Galicia popular y centenaria, una fábula hoy acaso censurable. Era un cuento con moraleja, titulado «El lacazán de Soria».

Refería la historia de un hombre tan holgazán que decidió dejarse morir y organizar su propio entierro antes que trabajar. Contaban las ancianas del lugar que, camino del cementerio, un vecino piadoso, apenado por ese triste final, detuvo la comitiva y ofreció gratuitamente al lacazán trigo para que asegurara su manutención, pese a su vagancia.

Y cuentan que el falso difunto levantó la tapa de su propio ataúd y erguido preguntó: «Y el trigo, ¿molido o por moler?». A lo que el generoso compadre respondió que por moler, pues bastaba ir al molino y listo. A lo que el lacazán respondió, encerrándose de nuevo en el ataúd: «Pues que siga el entierro».

Al margen de que esta narración ancestral de nuestras abuelas gallegas hoy ya no se comprenda, su significado es claro: la vida exige trabajar y nadie merece morir. Hay que ayudar a vivir.

Todos sabemos que el siglo XXI ha alterado tanto la vida de los seres humanos que cuentos populares como este resultan extraños y macabros. Sin embargo, la vida es lo único que tenemos, y realmente nada debe justificar, en principio, que la abandonemos de forma intencional. Cuando alguien entre nosotros tiene razones para suicidarse, la sociedad en que vivimos ha fracasado, porque otra sociedad diferente triunfa con su modelo de eutanasia. Nada ni nadie puede ni debe inducir al suicidio. Al contrario: al ser humano hay que darle........

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