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El enjambre

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16.04.2026

A menudo, he escrito sobre el demonio del mediodía, al que los autores clásicos identificaron con la acedia. Para los griegos, la acedia consistía en abandonar a los muertos en el campo, convertidos en carroña para los animales. Más adelante, empezó a reflejar el descuido del alma, que es como decir de la persona en su totalidad. El hombre negligente cedía así al desarraigo existencial o a la frivolidad de los sentidos. De modo simbólico, el demonio del mediodía representa el peligro al que uno se enfrenta cuando ya no cree en sí mismo ni en los demás. Carente de auténtica esperanza, deprimido o desorientado, el individuo cae en una especie de vacío interior que en ocasiones degenera en hiperactividad —en un intento de llenar el tiempo con espejismos para evitar afrontar la realidad— y en otras en una angustiosa estrechez. Tristitia, la llamaban los romanos. Es tristeza y es algo más que tristeza.

Es curioso comprobar cómo las categorías conceptuales del........

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