El efecto disuasivo de los F-16, modelo 1978
La compra de 24 aviones caza (multirol) por la FAP (2024), mediante una inversión de US$ 3,500 millones, viene acumulando bemoles, ya que, si bien solo alcanzaría para 12 cazas F-16 Block 70 (1978) de EE. UU., de 4.ª generación, o 20 Rafale F-4 (2001) de Francia, o 24 Gripen SAAB JAS 39 (1997) de Suecia, el gobierno de José María Alcázar, y el anterior de José Jerí, se han empecinado en —y están a punto de comprar— 24 F-16 que costarían el doble (US$ 7,000 millones). Es así que, sorpresivamente, el presidente Balcázar reveló: “Se ha decidido comprar 20 monoplazas y 4 biplazas F-16 con EE. UU.; no lo ha hecho mi gobierno, sino el anterior, que ya firmó un convenio… yo tengo que continuarlo” (Exitosa, 20/3/26). Empero, el ex primer ministro Ernesto Álvarez, ese mismo día, lo negó: “Falso… Se evaluó un informe de la FAP, pero el expediente aún está en la Contraloría. Imposible haber firmado… pero, por geopolítica y posibles consecuencias comerciales (¿?), no era posible comprar otra cosa que el F-16” (20/3/26). Ante el bolondrón, la Presidencia aclaró en un comunicado que estamos en la novena etapa (opinión de la Contraloría) de 11 etapas, que concluyen con la firma del convenio y la aprobación del Congreso. Nos encontramos en la etapa 10, que es la negociación con la empresa Lockheed Martin, en sendas reuniones los días 24, 25 y 26 de marzo en el Ministerio de Defensa (La República, 26/3/26). Inicialmente, Lockheed Martin ofreció: 10 F-16C monoplaza Block 70 y 2 F-16D biplaza Block 70, 12 misiles aire-aire AIM-9X Block II Sidewinder y 12 AIM-120C-8 AMRAAM, lanzadores de misiles, la artillería y el sistema de radar (Defensa.com, 17/9/25). Una primera objeción: los venden muy caros (US$ 290 millones), en comparación con otros países que les han comprado cazas de 5.ª generación como el F-35 (2015) a un menor costo (República Checa, Israel, etc.). Un segundo inconveniente es que el F-16 no es compatible con los misiles Meteor (aire-aire), los más poderosos —que sí pueden portar el Rafale o el Gripen—, debido a que cuentan con misiles similares: AIM-120D-3, pero son de uso exclusivo para países de la OTAN; por eso es que en la oferta al Perú se consigna AIM-120C, que es una versión con una tecnología más antigua. No obstante, el condicionamiento crucial es que el F-16, para combatir, requiere de la aprobación de EE. UU., que puede bloquearlo, porque controla el soporte tecnológico. Un ejemplo reciente es Ucrania, supuestamente aliada de EE. UU., que, si bien recibió 61 cazas F-16 de Dinamarca y Países Bajos (Defensa, 22/8/23), no ha conseguido la luz verde ni de Biden ni de Trump para atacar territorio ruso, limitándose a labores de defensa, como derribar drones y misiles rusos. Como se conoce, el proyecto plantea reemplazar los cazas estacionados en la Base de La Joya (Arequipa), como “efecto disuasivo”, porque, históricamente, nuestro vecino menos amistoso se encuentra al sur, que cuenta con 46 cazas F-16 listos para volar. Pero, comprando los 24 F-16 —sujetos a la venia de EE. UU.—, este efecto desaparece. No existe. Plata tirada al río. Más aún, en la cita de Trump del “Escudo de las Américas” (Miami, 7/3/26) con 11 presidentes, mientras el Perú fue excluido, José Antonio Kast fue invitado en su calidad de presidente electo de Chile —sin estar en funciones— como aliado incondicional de EE. UU. (y UK), como quedó claro en la Guerra de las Malvinas (1982), disputándole al argentino Javier Milei, en la cita, la silla de cortesano favorito del soberano.
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