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Alianza estratégica antinarcoterrorista

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Ecuador ha decidido endurecer con estrategia sostenible su lucha contra el narcoterrorismo. Desde enero de 2024, cuando el presidente Daniel Noboa declaró el “conflicto armado interno” tras el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio y la escalada de violencia carcelaria y urbana, el país ha pasado de ser—como indican analistas— un "corredor pasivo" de cocaína a un "frente activo" de confrontación. Los grupos criminales Los Choneros y Los Lobos, principales actores del caos, han sido designadas como organizaciones terroristas por Ecuador en 2024 y por Estados Unidos en septiembre de 2025, lo que abrió la puerta a una cooperación más profunda entre ambos países.

Hay datos relevantes. En 2024 se registraron decomisos récord de casi 295 toneladas de cocaína, y aunque 2025 mostró una ligera baja (214-227 toneladas), la intensidad no cedió. El asunto cambió este marzo de 2026. A inicios del mes Noboa anunció la “Ofensiva Total” y el lanzamiento oficial de operaciones militares conjuntas con Estados Unidos en suelo ecuatoriano. El Comando Sur (SOUTHCOM) lo confirmó: “Fuerzas militares ecuatorianas y estadounidenses lanzaron operaciones contra Organizaciones Terroristas Designadas”. Los informes dicen que incluye planificación de redadas, entrenamiento de comandos por Fuerzas Especiales estadounidenses, inteligencia compartida y acciones cinéticas (militares) letales, como el bombardeo de un campamento de los Comandos de la Frontera ("disidencia" FARC colombiana) en Sucumbios, con capacidad para 50 narcotraficantes, helicópteros, drones y lanchas fluviales.

Hay que recordar que estas "disidencias" de las FARC han estado ingresando también a territorio peruano. Hace menos de un año se dio un primer enfrentamiento con miembros de la Marina de Guerra del Perú en el Putumayo en Loreto (ver a propósito: "Narcoguerrillas penetran la selva". M. Lagos. 8/11/2025. Expreso).

También en marzo la operación “Costa” (con la DEA, EE.UU. y Europol) desmanteló una red de Los Lobos ligada a la mafia albanesa. Hubo 16 detenidos en Guayas, El Oro y Loja, más de 800.000 dólares decomisados. En la frontera sur, en Chinapintza (Zamora Chinchipe, Cordillera del Cóndor), militares ecuatorianos descubrieron que bandas peruanas (Los Trujillanos y Los Pulpos) izaron una bandera peruana grande a 70 metros dentro de territorio ecuatoriano para simular que sus operaciones de minería ilegal, contrabando de oro, cocaína, armas y explosivos ocurrían en Perú y eludir controles. Allí operan conjuntamente Los Choneros, Los Lobos, grupos peruanos y células colombianas en una “guerra por el oro”. El lector imaginará el cóctel explosivo que se está creando ahí.

En reciente entrevista (Univisión) y en el marco de la Cumbre Escudo de las Américas, el presidente Noboa afirmó que Hamás y Hezbollah operan en Ecuador en alianza con estas organizaciones narcotraficantes, con nexos de financiamiento, posibles entrenamientos y cooperación logística (incluso con vínculos venezolanos como es sabido). Lo dijo advirtiendo la necesidad de mayor apoyo externo y reforzar que estos grupos ya están designados como terroristas desde 2025. (Ver a propósito: "Cocaína de Perú, Colombia y Bolivia impulsa a los proiraníes Hezbollah y Hamás". M. Lagos. 23/11/2023. Expreso).

Estas operaciones conjuntas resultan especialmente valiosas porque Ecuador enfrenta hoy una amenaza que ya no puede ser catalogada meramente como riesgo. Se trata de males consolidados en plena ejecución que desbordan la capacidad operativa y de recursos del país si actúa en solitario. Intervenciones cinéticas decididas, con apoyo externo de inteligencia, logística y tecnología, se han vuelto indispensables.

Sin embargo, sería un error decir que esta estrategia únicamente usa el componente militar, como pretenden calificar algunos analistas sesgados. Paralelamente se despliegan esfuerzos no cinéticos esenciales: intercambio de inteligencia con la DEA, suministro estadounidense de sistemas avanzados de vigilancia en tiempo real denominados “El Ojo en el Cielo” (drones y sensores aéreos) que permiten localizar laboratorios de droga, caletas de armas y campamentos ilegales mediante observación continua de grandes áreas y análisis de movimientos y patrones delictivos. Además están los cruciales operativos financieros contra el lavado de activos con Europol, el fortalecimiento institucional, control portuario y acuerdos binacionales como los firmados entre Ecuador y Perú en diciembre 2025 contra el crimen organizado y la minería ilegal.

Como hemos anotado aquí antes —una condición que suele obviarse entre comentaristas sobre estos asuntos—, esta mezcla planificada de acciones cinéticas (intervención militar y policial) y no cinéticas (inteligencia, tecnología en todos sus niveles y "asfixia financiera", etc.) configura una operación integral y verdaderamente estratégica, capaz de frenar la peligrosa convergencia entre violencia criminal y violencia política de redes transnacionales delictivas y terroristas. Ello implica trabajo coordinado, y en ese sentido el “Escudo de las Américas” emerge como un plan clave que facilita la respuesta hemisférica indispensable. Este "Escudo antinarcoterrorista" entre países del continente (EE.UU. Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Trinidad y Tobago) no es un esquema de "sometimiento o de pérdida de soberanía" (como dan a entender los funcionales al narcochavismo castrista tipo Petro de Colombia, Sheibaum de México y Ortega de Nicaragua), sino una real alianza estratégica y horizontal por la seguridad democrática y hemisférica.

Ciertamente países como Ecuador no podrán enfrentar solos a las redes criminales y terroristas transnacionales que operan sin fronteras, financiadas por las economías ilícitas y el "lavado global". La fragilidad de las fronteras, la sofisticación de los grupos y la convergencia con actores como las "disidencias" FARC, el ELN la mafia albanesa y otros, o incluso organizaciones de Medio Oriente con presencia antigua en la región, demuestran que la llamada "soberanía aislada" ya no basta.

La alianza estratégica con Estados Unidos y el marco del "Escudo de las Américas" representan una oportunidad real para equilibrar la balanza. No solo con fuerza cinética como se está demostrando, sino con inteligencia compartida, presión y asfixia financiera y coordinación regional que evite el clásico “efecto globo” (hacia Perú en nuestro caso) en otros vecinos. Si la región actúa unida, puede recuperar terreno perdido ante el crimen organizado y sus tentáculos, incluyendo los que llegan a otros continentes. La pregunta es si América Latina y el Caribe sabrá aprovechar esta ventana hacia la seguridad hemisférica y contra el narcoterrorismo. ¿Y Perú se unirá explícitamente a este esfuerzo? Todo dependerá de quién gane las próximas elecciones. *Miguel Lagos | Analista político

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