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Entre 1990 y 2026… ¿algo cambió?

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05.03.2026

El 12 de abril votaremos 27´325,432 por nuevo presidente y congresistas, entre 38 partidos; siendo inevitable una comparativa con las elecciones de 1990, con 10´013,225 electores y 9 organizaciones políticas. Sólo el candidato de FREDEMO era declaradamente de la derecha; una alianza entre AP, PPC y el Movimiento Libertad. Cambio 90, APRA, Izquierda Unida, Izquierda, FNTC, FREPAP, con sus matices, eran los partidos de izquierda radical hasta moderados. Unión Nacional Odriista se autodenominaba socialismo de derecha. El partido Unidad Democrática podría ser considerado como demócrata autoritaria, centralista, caudillista, populista cristiano. Alberto Fujimori ganó las elecciones en base a un discurso político distinto al que caracterizó su gobierno. Resultado: el Perú salió del hoyo en el que el nefasto gobierno de Alan García nos hundió gracias a sus políticas de corte populista; un gobierno plagado de corrupción, mal que parece estar en el ADN de casi todas las organizaciones políticas que ejercen el poder desde los tres niveles de gobierno. Resultado de ello: presidentes investigados, procesados, sentenciados… y otros por seguir la misma suerte, como Dina Boluarte, José Jerí y quizá también José María Balcázar. Desde que Fujimori instauró la política chicha y mentirosa en el Perú, debilitando los sistemas de partidos y justicia, prostituyendo las dinámicas de las campañas electorales, entregando dádivas a cambio de simpatía y votos. En su régimen, aprovechando que en el imaginario colectivo estaban internalizadas las instituciones culturales del padrinazgo, la mayordomía, cabezonía y alferado, le resultó fácil ganar popularidad y la presidencia. Las primeras acciones de las que tengo recuerdo, al respecto, corresponden a Juan Velasco Alvarado, de lo cual fui testigo presencial, en mi niñez, en la Plaza de Armas de Huánuco, cuando éste repartía arroz y azúcar. Así es que, como setas, hongos malignos surgieron, después de Fujimori, gran parte de los 38 partidos que candidatearán en abril de 2026; los que implementan exitosamente elaboradas y mejoradas estrategias para la compra de simpatía y votos; entre ellos APP, Somos Perú, Podemos, Fuerza Popular, Perú Libre. Entonces, en abril, ¿votaremos por un candidato por ser de derecha, izquierda, centro o simplemente porque nos cae bien, porque nos gustaron sus contenidos en las redes sociales? ¿Votaremos independientemente de si sabe bailar, es flaco, gordo, calvo, feo, blanco, rico, pobre, joven o viejo? Quijotes, si votamos por los de siempre, por los Innecesarios, confirmaría que amamos a nuestros carceleros del subdesarrollo; se confirmaría que intercambiamos pobreza por polos, jarras, arroz, azúcar y gaseosas. ¿Entre los 38 no existen buenos? Yo creo que sí. Quijotes, si no está de por medio una animadversión personal de tipo racial, un sesgo político marcado, clasismo, animadversión personal, discriminación disfrazada, nadie podrá decir algo en contra de Rafael López Aliaga, Wolfgang Grozo, José Williams, José Chiabra y Francisco Diez Canseco, Rafael Belaunde, Jorge Nieto y pare de contar. El resto es más de lo mismo. George Forsyth me agrada, pero, desgraciadamente, su partido no. Elijamos al mejor por sus capacidades de gestión, valores, récord de vida digna y honrada. No por comprar simpatía con mendrugos envenenados de pobreza. Ya no votemos por el de izquierda, derecha o centro; votemos por el que tenga más claras las ideas, el presente y una visión de futuro.

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