El ausentismo no puede ser el vencedor
En esta elección nadie está cómodo, pero ello es irrelevante, lo que está en juego es el destino del país. La abstención no es una excusa, votar es una inmensa irresponsabilidad que no admite justificación. Desde el 25 de marzo de 2025 se sabía –sin duda alguna– que las elecciones se celebrarían este domingo 12 de abril. Podré sonar intransigente, pero no le tengo ningún respeto a quienes hoy fingen sorpresa o se escudan en un viaje, una agenda distinta o cualquier trivialidad para justificar su ausencia. La desidia y la indiferencia no son aceptables. La falta de tiempo evidencia nulo compromiso. ¿Tan poco les importa el país que no son capaces de organizarse para cumplir con el acto más básico de la democracia? Luego, sin embargo, muchos serán los primeros en quejarse de los resultados y en gritar a los cuatro vientos que no se sienten representados. Y no se trata solo de votar, hay que hacerlo bien. Nos enfrentamos a una cedula electoral innecesariamente grande y compleja, en la que solo valen una equis o una cruz perfectamente trazadas dentro del recuadro. Basta pasarse un milímetro para que el voto se anule. Así de frágil puede ser el ejercicio democrático, sino acudimos preparados y sin saber por quién votar. Tampoco podemos permitir que el voto nulo sea el gran vencedor. Vivimos en una sociedad que exige cada vez más del Estado, pero que está cada vez menos dispuesta a hacer lo mínimo como ciudadanía. Queremos mejores autoridades, pero sin asumir el costo de informarnos. Exigimos resultados serios con decisiones improvisadas. Criticamos todo, pero participamos solo en aquello que no exige esfuerzo. El lamentable Congreso que elegimos en el 2021 y que hoy manda en el país, plagado de mochasueldos, asesores fantasmas y “Los Niños” con su red de favores políticos, es repudiado por la mayoría de la población, pero los votantes los pusimos ahí. Lamentablemente las nuevas generaciones –marcadas por la gratificación instantánea– enfrentan un reto aún mayor. Cerca de 700,000 jóvenes peruanos votarán por primera vez. Muchos no están habituados a leer ni a investigar; su decisión se forma principalmente en redes sociales, donde no hay verificación suficiente. Están expuestos a desinformación y, ante el exceso de contenido, suelen confundir popularidad y simpatía con capacidad. Ricardo Belmont es el mejor ejemplo. Está creciendo como la espuma gracias a su hija en TikTok. Lo ha acercado a los jóvenes a quienes ha hecho creer que fue un alcalde de Lima espectacular. Dejó obra, pero no podemos comparar a la Lima de hace 35 años con el Perú de hoy, ni a un candidato de 45 años con uno de 80. Roberto Sánchez es otro gran peligro. El voto rural es muy difícil de medir, usualmente esos votantes no están representados en las encuestas. Además, los maestros que apoyan a Sánchez ejercen una fuerte influencia social, al ser, en muchos casos, las personas con mayor nivel educativo del pueblo. Cuando el Estado tiene poca o nula presencia, ellos son lo más cercano a autoridad. Ese factor puede inclinar resultados de manera silenciosa. Todos sabemos que en el Perú los maestros históricamente han tenido una alta participación política y sindical. Están muy bien organizados, la SUTEP es un ejército. Los candidatos que no son capaces de poner personeros en estos centros de votación, perdieron. Los ganadores se decidirán en mesa. Afortunadamente y dado los fraudes ocurridos en el proceso del 2021, las cédulas de votación serán custodiadas y conservadas por la ONPE por un plazo mínimo de 90 días. Hace décadas, John F. Kennedy lo dijo con claridad brutal: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino que puedes hacer tú por tu país”. Por lo menos, vayamos a votar con responsabilidad e información y, no decidamos en la cola.
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