Cuando la democracia se convierte en fábrica de mediocridad
La cantera de peruanos que, desde hace ya dos décadas, son aceptados por el Jurado Nacional de Elecciones -y por la propia ciudadanía- como candidatos a la Presidencia de la República y al Congreso -reparticiones que, a su vez, designarán tanto a los ministros como a diferentes cargos de alta responsabilidad en las diferentes entidades de nuestro Estado- de plano sería rechazada en cualquier otro país medianamente desarrollado. No pasarían ni la primera prueba. No superarían examen psicológico, test de idoneidad ni evaluación curricular alguna; como tampoco un mínimo filtro de decencia pública. Pero, en esta nación que alguna vez fue paradigma de prosperidad y orden, aceptamos que nos gobierne cualquier pobre diablo, cualquier títere con cabeza, cualquier improvisado con verbo fácil y prontuario oculto. El resultado está a la vista: un país escorado hacia el hundimiento, incapacitado para sostener instituciones,........
