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¡El domingo definiremos nuestro futuro: caos o bonanza!

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friday

Llegamos a las elecciones en tiempos históricos: mientras el mundo enfrenta guerras, inflación, tensiones geopolíticas y riesgos recesivos, contrafácticamente, Perú sostiene una de las murallas financieras más sólidas del planeta. Con alrededor de cien mil millones de dólares en reservas internacionales, hemos erigido un blindaje que asombra y desconcierta a mercados y analistas. Paradójicamente, esa fortaleza convive con una extrema fragilidad  política. Y es esta dualidad la que define los dos futuros posibles que enfrentamos este domingo. El resultado electoral determinará si aquel muro de oro continúa como cimiento de un desarrollo sostenido, o se convierte en botín de determinado proyecto  político izquierdista que lo esfumaría en cuestión de meses. Analicemos. Si triunfan López Aliaga o Fujimori, según sus propuestas, ambos se comprometen a preservar la autonomía del BCR, Banco Central de Reserva, mantener la disciplina fiscal y proteger las reservas internacionales como tesoro nacional. Para quien interprete la estabilidad macroeconómica como el mayor activo nacional, este escenario implica la continuidad de un modelo que nos ha permitido mantener el riesgo país latinoamericano más bajo; por tanto, tener acceso privilegiado al crédito internacional, no obstante el caos político que nos asfixia hace una década. Así, esta muralla de reservas seguiría siendo intocable, el sol mantendría su credibilidad (no más devaluaciones traumáticas) y Perú seguiría financiando megaproyectos como el puerto Chancay y/o las ampliaciones aeroportuarias, sin comprometer su solvencia. La proyección hacia 2030 —según los organismos multilaterales— sería la de un Perú consolidándose como hub logístico del Pacífico Sur, si la estabilidad política lo acompaña. Pero este escenario demanda aquello que no alcanzamos hace dos décadas: ¡gobernabilidad! Sin ella, fracasa hasta el modelo más sólido. Segunda opción: si triunfa algún candidato de izquierda. Aquí el panorama cambia radicalmente. No por especulación, sino por antecedentes vividos y por aquellas insensatas propuestas de sus candidatos. Ejemplo: usar nuestras reservas para “gasto social”, regresar al Estado empresario haciéndolo intervenir en sectores estratégicos, reformar la Constitución, etc. La tentación de usar parte de esos 97,000 millones de dólares de reservas como financiamiento inmediato para otros fines resquebrajaría los cimientos de una muralla que tomó décadas erigir. La historia peruana es implacable: “¡Las reservas acumuladas durante años pueden evaporarse en meses, si se subordinan a decisiones políticas!”. Y desviarnos hacia utopías estatistas elevaría el riesgo país y encarecería los créditos internacionales/locales —lo que no sucede hace tiempo—, depreciando nuestra moneda y frenando la inversión privada. ¡Perú pasaría de ser un ejemplo de estudio por su disciplina fiscal a un experimento incierto en un contexto global adverso! Hasta el domingo poseemos un activo que no tienen otros países emergentes: tiempo para decidir si mantenemos nuestro blindaje financiero como base de un desarrollo histórico, o malversarlo retornando al caótico desorden demagógico. Rutas absolutamente contrapuestas. El domingo no solo elegiremos presidente, sino que definiremos qué ocurrirá con la muralla de oro que nos protege del caos, si la estabilidad quedara solamente como un buen recuerdo nacional. Elijamos bien. ¡Nuestro futuro está en juego! ¡Hoy no tenemos margen de error!

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